La criminalización

Hasta donde se sabe el presidente regional de Cajamarca, Gregorio Santos, ha sido encausado en casi medio centenar de procesos, algunos de los cuales ya están llegando a los jueces y los demás se encuentran trabajándose en distintas fiscalías. Saavedra, Santos y una larga lista de dirigentes que probablemente lleguen a 70 u 80, han sido denunciados también penalmente por una serie de delitos vinculados a la lucha contra el proyecto Conga.

| 14 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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En Espinar el alcalde Mollehuanca, que se abraza para la foto con el ministro Pulgar-Vidal, tiene un juicio abierto en Ica (de acuerdo al criterio de jueces fuera de circunscripción impuesto por el Dr. San Martín) y otras denuncias que seguirán su curso en los siguientes meses. De igual modo los más importantes dirigentes de la provincia están siendo investigados para denunciarlos ante la justicia.

Los delitos de que se está hablando van desde desorden público, atentados a la propiedad, malversación de recursos públicos para supuestamente usarlos en la huelga, etc. Ahora, tras la jornada de movilización del jueves en Lima y otras ciudades, se está agregando otros grupos de judicializados acusados de hacer pintas en las calles y dañar monumentos. Es decir, una avalancha de personas que podrían perder su libertad en manos de los jueces, especialmente cuando la marea social baje y se insista en estas acusaciones.

La cuestión es que en todo este aparente esfuerzo de imponer la ley los señores fiscales y jueces, han olvidado plantearse el tema de los muertos y heridos de bala de cada uno de los conflictos que han sacudido al Perú durante los últimos meses.

Nadie está investigando quién dio la orden de utilizar armas de fuego, lo que le permite al general Salazar declarar que la Policía solo empleó elementos disuasivos, aunque las autopsias digan que los cajamarquinos y espinarenses muertos tenían proyectiles de fusil en sus órganos vitales.

¿Cómo es que hemos perdido el sentido de las proporciones a tal grado que no se priorice el aspecto más brutal de los dos conflictos más recientes? Un factor clave para que los conceptos se distorsionen es el papel de la prensa y el alto grado de concertación con el gobierno y los órganos de represión que se ha armado poco a poco en las últimas semanas.

El caso de las pintas en el monumento a San Martín, al margen del aspecto vandálico y de baja cultura que expresa de parte de los autores, no tenía la dimensión criminal que de manera unánime le dieron las estaciones de televisión. Ahí, ninguna se equivocó, titubeó o vio otras escenas de la movilización que pudieran interesar al público.

Todas se concentraron en las pintadas y en una imagen de un joven que forcejeaba con un policía por el control de una bandera que era descrito como los graves enfrentamientos de la Plaza San Martín.

La misma escena se repitió decenas de veces para que creyésemos que todo era un caos. Y todo esto era una mesa servida para que en la noche el Presidente deplorara a los antipatrióticos que malogran los monumentos.

En otras palabras, todos estamos viviendo tranquilos con los muertos, que no debe haber más, pero que ya hubo. Y con los juicios a cada vez mayor número de personas. Con una prensa que manipula para descalificar a la protesta. Y un Presidente que no tiene cómo salir del atracadero de Conga.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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