La corrupción al poder

¿Cuánto apreciamos los peruanos no solo una administración honesta del Estado sino una actitud firme contra la corrupción del pasado y el presente?

| 30 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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De acuerdo con las encuestas, parecería que bastante poco. Imagínense que a la alcaldesa Villarán casi todos le reconocen la virtud de no buscar favorecerse con el poder y no permitir que los miembros de su administración se ensucien en actos corruptos y de no haber conciliado con los actos más oscuros del gobierno que la antecedió.

Pero esta honestidad le da a lo sumo para 30% de aprobación, frente a lo que dice otra encuesta de que Castañeda ya está en 43% de intención de voto en caso gane la revocatoria y haya adelanto de elecciones municipales en Lima. Es decir, fuera los honestos y regreso de Comunicore.

El punto tiene relación con la popularidad sostenida de Fujimori a lo largo de la década de los 90 y con el sólido 20% que es capaz de defender las tesis de que “el chino fue engañado por Montesinos” (como si Montesinos hubiera podido existir fuera del “chino”), “al final todos roban” y “no importa que robe pero que haga obra”.

Pero eso de echarle a la gente con baja formación política la responsabilidad por relativizar la lucha contra la corrupción y por tender a perdonarle la vida a los peores corruptos haciendo pesos sobre lo bueno y lo malo de sus gestiones (como si pudiera haber corruptos buenos), no da la idea de ser un sentimiento espontáneo que existe en la gente sino más bien la de representar el producto de una campaña política que está construyendo una opinión que transige con el problema de la corrupción.

A nadie se le ocurre encuestar por ejemplo si la gestión actual de Lima es más o menos limpia en término de manejo de los recursos públicos que la anterior. O si los entrevistados ven que Villarán ha tenido algún caso equivalente a Comunicore. Tampoco hay una interrogante sobre si preferirían que la revocatoria les proporcione un alcalde investigado por la justicia con tal de que haga un poco más de obras.

Claro que se puede discutir contra el mito de que Villarán no hace nada y también preguntarle a la gente sobre si conoce el proyecto sobre el río Rímac, para compararlo con cualquier obra de infraestructura de Castañeda. O insistir en los temas de La Parada y el transporte que “el mudo” eludió para no quemarse. Sobre eso tampoco insisten las encuestas. Pero volvemos sobre lo inicial: si el mecanismo de revocatoria tiene algún sentido es para decir que aún con la mejor obra no deberíamos mantener alcaldes que se coluden para sacar dinero municipal a favor de sus allegados ni por supuesto volver a elegirlos, así como para sancionar a los que violan los principios democráticos.

Pero en el caso Villarán son los motivos de la revocatoria los que más faltan. Y sobre el terreno se hace evidente que la operación va mucho más allá que sacar a la “alcaldesa roja” como pretende ingenuamente el cruzado anti-izquierdista del diario de Santa Catalina que se deja llevar por los odios más primarios. Aquí hay un grupo y dinero apostando al regreso de Castañeda en plenas investigaciones fiscales y judiciales sobre corrupción, con el apoyo de encuestadoras y medios. Es la impunidad sacramentada por el voto. ¿Qué les parece?


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista