La contumacia en el error

Un nuevo incidente enturbia aún más las deterioradas relaciones del Perú con Bolivia. Una comisión del Congreso peruano que investiga las casas ALBA se trasladó al vecino país para proseguir su investigación en territorio boliviano.

| 16 febrero 2009 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 855 Lecturas
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Ignorando lo más elemental. Que, conforme al derecho internacional, las competencias jurisdiccionales del Estado, entre ellas la de investigar en vía jurisdiccional o cuasi jurisdiccional, se ejercen exclusivamente en el territorio nacional. Extender la competencia territorial de la jurisdicción del Parlamento peruano al territorio boliviano es una violación del principio de no intervención, imposible de disimular.

Esto es grave. Pone al Congreso en una informalidad y carencia de referentes jurídicos elementales que debe avergonzar a la Nación. Pero lo que es ya inconcebible es que el canciller de la República haya señalado que ese acto no tipifica una intervención y que no es contrario al derecho internacional. Esta apreciación pone al Perú en una marginalidad extrema en la diplomacia regional. Como dicen en el cono sur, en una ajuricidad sin precedentes.

El gobierno del presidente García recibió las relaciones entre el Perú y Bolivia en el nivel más alto de las últimas décadas. Como canciller me tocó ser actor directo de este proceso que tuvo su punto culminante el 4 de agosto del 2004, cuando los presidentes Toledo y Mesa suscribieron el Acta de Intención para la exportación del gas boliviano a través del puerto peruano de Ilo, con destino a los mercados de México y Estados Unidos.

Esa decisión histórica fue el producto de una diplomacia paciente, con objetivos definidos y transparente en el diálogo y los entendimientos entre La Paz y Lima. En el camino quedaron las negociaciones secretas chileno - bolivianas para que el gas salga por Chile a cambio de una modalidad no soberana de acceso al mar para Bolivia. El diario “La Tercera” habló en ese momento de la brillante y profesional diplomacia peruana.

La visión estratégica de este entendimiento iba más allá del proyecto gasífero. Se trataba de un entendimiento histórico de integración y cooperación con bases sólidas, que suponíamos permanentes. Se formalizó con la firma del “Acuerdo General de Integración y Cooperación Económica y Social para la Conformación de un Mercado Único” y la puesta en marcha de la estrategia de desarrollo de la zona de integración fronteriza en beneficio de los pueblos. A Partir del 2006, todo este patrimonio se ha dilapidado.

Hoy, la pujanza e inteligencia de las relaciones chileno-bolivianas, que transitan por una agenda orgánica sin exclusiones, alimentada por la voluntad declarada de generar confianza, contrasta con la demolición de las relaciones peruano-bolivianas y con una inexplicable y despistada vocación ideológica de crear día a día mayor desconfianza.

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Manuel Rodríguez Cuadros

Opinión

Columnista