La chica del 17

Martha Hildebrandt, que cuando carajeaba bajo el paraguas del fujimorismo mató al Tribunal Constitucional de una sola bocanada de oficialismo meningocócico, está muy preocupada en estos días por el cumplimiento cabal del artículo 17 de la Constitución de 1993.

| 05 junio 2008 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores | 889 Lecturas
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La desvela que la Constitución que ella misma irrespetó cuando mordía a quien cuestionara la segunda reelección de su patrón (para ­esa cochinada el pobre Torres Lara tuvo que “interpretar auténticamente” el artículo 112) no sea acatada en eso de que la educación universitaria gratuita depende “de un rendimiento satisfactorio” y “de no contar con los recursos económicos necesarios...”

Es cierto. Ese artículo 17 deja abierta la puerta a replantear la gratuidad absoluta del nivel universitario estatal... ¡en el caso de que tal gratuidad existiera! La verdad es que las universidades del Estado, tan desatendidas desde el presupuesto, se valen de mil argucias, de muchos parágrafos y otra vez de mil excusas administrativas para sacarle al alumno la plata que no paga en matrícula o pensiones.

Esa es una verdad de a puño que la doctora Hildebrandt no menciona, desde luego. Otra es que el paso por un colegio privado más o menos caro no es garantía, en muchas ­ocasiones, de solvencia económica continuada sino fruto del sobrehumano esfuerzo que hacen padres pluriempleados con tal de huir de la mentalmente castradora ­“educación estatal” en primaria y secundaria. Esos padres esperan, con todo derecho, un respiro a la hora de la ­educación superior. Ahora deberán esperar a que la doctora Hildebrandt, que ayudó a reformar la educación estatal durante el gobierno de Velasco Alvarado, defina eso del “rendimiento satisfactorio”. Cómo será, pues.

Otra verdad que oculta la doctora Hildebrandt es el nivel social y económico que puebla el universo de los centros superiores del Estado. Hace muchos años que la doctora Hildebrandt no va a San Marcos, por ejemplo. Por eso habla, desde la mala fe y el exhaustivo desconocimiento, “de los que van en camionetas 4x4 a recibir ­educación gratuita”. ¿Camionetas 4x4 en el estacionamiento de San Marcos? La doctora Hildebrandt debería saber que ni en La Católica abundan las todoterreno que ella sí puede usar a cuenta del Congreso. Supongo que la doctora Hildebrandt no va a San Marcos desde la época en que, pudiendo pagar, se educó felizmente gratis en esa institución. Tampoco recuerda que fue San Marcos la que la presentó a una beca decisiva para su rica hoja académica. Y todo gratis, como debía de ser.

Pero lo más divertido de todo esto es escuchar a la doctora Hildebrandt hablar de la Constitución que ella usó como baldosa, primero, y trapeador, después, durante el shogunato de Fujimori. Si el ­irredento artículo 17 de la Constitución le quita el sueño, ¿por qué recién ahora, quince años después de la promulgación de eso que Alberto Borea llama “el documento de 1993”, es que lo dice? ¿O es que ahora quiere hacerle un favor al Apra creando un “psicosocial” en plena etapa de alzas y cuando las estimaciones de la inflación empiezan a ser sombrías?

En todo caso, si le preocupa el artículo 17, que le preocupe también el 24, que a la letra dice:

“Artículo 24.- El trabajador tiene derecho a una remuneración equitativa y suficiente, que procure, para él y su familia, el bienestar material y espiritual”.

O que gima por el 27, que está aquicito nomás y que a la letra dice:

“Artículo 27.- La ley otorga al trabajador adecuada protección contra el despido arbitrario”.

O que se tire de los pelos por el 28, pegadito al 27, y que establece dos puntos:

“Artículo 28.- El Estado reconoce los derechos de sindicación, negociación colectiva y huelga. Cautela su ejercicio democrático...”

Pero esos artículos no conmueven el corazón marmóreo de la doctora Hildebrandt. A ella sólo la sobresalta y la hace gritar el 17. Quiere volver a ser la chica del 17. Con el aplauso de García y Chang.


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César Hildebrandt

Opinión

Columnista