La cárcel de Fujimori

No he preguntado al diario sobre la forma como llegaron las fotos, por lo tanto puedo dar limpiamente mi opinión política. Y la digo así nomás: creo que fue del gobierno de Ollanta y la cara sonriente de la ministra me lo confirma.

| 10 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 776 Lecturas
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Porque Eda Rivas no está fuera del grupo de los asustados que cuando son atacados por actos suyos o de sus subordinados que pueden rebotar hacia el gobierno, empiezan en un “sí pero no” impresionante y buscan la cabeza más a mano para evitar entregar la suya.

Pero Eda estaba muy segura cuando dijo que esto de las fotos de los aposentos y zona de reclusión de Fujimori era un asunto de menor importancia, mientras Pérez Guadalupe confirmaba que sí, era en verdad la “celda” del recluso que viene haciéndonos hablar de indulto desde hace varios meses.

Lo obvio es, entonces, que el gobierno no está yendo en la dirección que le reclamaban Keiko y Kenji Fujimori, salvo que en los siguientes días la ministra y el jefe del Inpe sean obligados a renunciar voluntariamente como le ha pasado a otros, pero, como digo, hay demasiada seguridad en los actores para presumir que el presidente esté excluido de esta operación política.

Claro que ya se sabe que fue Kenji, el siempre inspirado hijo menor del exdictador, el que regaló la oportunidad a un gobierno enredado en sus propias palabras y actos, para mandar un mensaje para que todos entiendan. Fujimori no va a morir de falta de atención, ni por condiciones carcelarias crueles.

Así que ahora habrá que comenzar a reconsiderar las hipótesis sobre las razones por las que Humala invitó en público a los hijos a que hicieran efectivo el pedido de indulto y acabaran con la especulación sobre dónde debía empezar el trámite.

Eso de que se preparaba el trueque entre salida de la cárcel del principal reo de la nación por ley Nadine para permitir que la primera dama postule a la presidencia el 2016, parece que no era una buena interpretación y, si pasó por alguna cabeza, fue desechado por sonar demasiado chusco.

En cualquier caso, lo que va quedando es una idea de un presidente que nunca sabe para dónde lo pueden empujar sus declaraciones. Si quiso decir a los hijos que el problema era suyo y no del presidente, metió las grandes porque no midió que los fujimoristas iban a utilizar la menor brecha para abrirse una ruta política.

Y en cuanto a la noción de que no podían pedirle el indulto sin rebajarse ante un adversario político, también patinó porque esas cosas de dignidad y ejercicio de liderazgo, como se ha visto, las comprende mejor Vladimiro Montesinos, que la familia Fujimori.

O sea, mi hipótesis es que se metió en el lío en forma gratuita, sin cálculo, sin voluntad de indultar o no indultar, es decir nada, como con tantas cosas que pasan últimamente.

Por esto nos hemos golpeado la cabeza durante largas semanas de titulares, editoriales y entrevistas, hasta que Kenji dio la fórmula exacta para salir del problema: si una amplia prisión es de dominio de un solo prisionero, y los cuidantes más dan la impresión de ser sus empleados, hay televisor con cable, computadora e internet, y la visita es de 8 a.m. a 5 p.m. aunque los registros hablan de ingresos de medianoche, entonces lo único que le falta a este enfermo grave es salir a la calle, subirse a una tarima y bailar al ritmo del chino. Nada más.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista