La calidad del Estado

La discusión entre nosotros sobre la calidad y tamaño del Estado peruano ha sido abordada desde distintos ángulos: social, jurídico, cultural, administrativo y económico. Desde esas perspectivas se mide y evalúa la cantidad y calidad de servicios y condiciones que brinda para la salud, educación, seguridad, justicia, empleo y alimentación.

| 29 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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El tamaño y calidad del Estado es directamente proporcional a las leyes que lo animan y a la capacidad que posee para objetivarlas; es decir, a la eficacia que posee para hacerlas cumplir y al temor que despierta en los ciudadanos no cumplirlas. La frase cívica “los ciudadanos deben temer a la ley” alude tanto al respeto por ellas, como al temor a la fuerza que despliega el Estado para hacerlas cumplir.

Con esta idea sobre la naturaleza del Estado podemos decir, por lo que observamos y vivimos, que el nuestro, sigue siendo parcial, precario y débil a pesar de los avances que hemos observado los últimos 12 años. Muy pocos peruanos temen a la ley; la mayoría, sin distingo de ingresos económicos, se abanica con ella.

Allí están para probarlo la corrupción, el contrabando, la minería informal, la deforestación, la evasión tributaria, el narcotráfico, la delincuencia, el caos del tránsito; es decir, un bonsay integral que achica día a día la calidad del Estado peruano.

Hay un problema que nos debe preocupar tanto o más que los antes señalados, problema que ha desaparecido como política de Estado desde que el liberalismo hegemonizó la cosa pública a partir del segundo período de Fernando Belaúnde: la cuestión del territorio.

El territorio fue una dimensión crucial en nuestra particular geografía. Allí están los restos arqueológicos – tecnológicos- que hablan de un uso sostenible y racional en la etapa prehispánica. Hoy 500 años después, es un manicomio geográfico. Pienso que la muerte prematura de Manuel Pardo y Lavalle- el de la República Práctica- permitió que abogados y economistas creyeran que, desde su perspectiva abstracta, podían modelarlo, cuando el espacio, como realidad y concepto, es tarea de ingenieros y arquitectos.

El colapso territorial es lo que nos espera. Hemos perdido paulatinamente la capacidad de hacer ciudad y respetar el campo. Estimo que 70% del área ocupada por viviendas y 50% de la explotación económica del territorio, es informal. Todas nuestras ciudades, grandes, pequeñas y medianas, ahora rezan mediante sartas de viviendas que se cuelgan a los lados de las carreteras del Estado. La Panamericana alguna vez fue carretera, hoy es una avenida peligrosa de frontera a frontera. Se urbaniza sobre los derechos de vía. Si Lima, Arequipa o Chiclayo, fueron ciudades, hoy son ensanchamientos de letales avenidas- carretera. No hay quebrada o cauce de huayco cercano que no haya sido ocupado por los excluidos; ellos, por incuria del Estado, se ven obligados a vivir sobre armas cargadas que se pueden disparar en cualquier momento, como en Chosica por ejemplo.


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Javier Sota Nadal

Opinión

Arquitecto