La caída del tío Felipe

El tío Felipe era el más bueno, el hombre más respetado de familia, el más querido y admirado por todos, porque tenía un gran corazón y sabía aconsejar con palabras sabias y precisas a los que tenían problemas.

| 16 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores |684 Lecturas
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Se casó a los 30 años de edad con una mujer de 40 que tenía una hija de 20. Todos fuimos a la fiesta, alegres por la felicidad del tío y fue una noche fabulosa.

Cada vez que llegaba a casa lo recibíamos con un gran banquete y regalos de todo tipo.

Una madrugada llegó a nuestro hogar su esposa a contarle un secreto a mamá. Desde aquella misteriosa visita ni papá ni mamá hablaron más del tío y no sabíamos cuál era la razón de aquel silencio.

Una tarde después de más o menos dos años, desde la combi, vi al tío Felipe caminado por una avenida cercana a su casa con un niño en brazos.

Cuando llegué a la casa, le dije a mamá: “Vi al tío Felipe cargando un niño, ¿sabes de quién es?”. “Debe ser su nieto”, dijo mamá sin mirarme a la cara.

Todos teníamos en un pedestal al tío Felipe y su cumpleaños era una competencia de regalos, todos querían darle el mejor; y a los niños nuevos de la familia sus padres le ponían de nombre Felipe en honor al tío. Se había ganado el cariño de todo el mundo con su trato de un hombre bueno.

Sin embargo, una mañana llegó a mi casa una de sus hermanas, la tía a la que le decíamos “La loca”, que tenía unos arrebatos alucinantes. Ella, en pleno desayuno, soltó que, cuando fue a visitar a su hermano mayor, encontró al tío en la cama de la hija de su esposa.

“¡Tiene un hijo con esa mujercita!”, gritó y mi mamá la sacó de casa a empujones. Después de que se fue, mamá, antes de sumirse en la tristeza, dijo: “Y ustedes que tienen que estar escuchando las tonterías de la tía loca. Terminen el desayuno y vayan al colegio”.

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El Escorpión

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