La caída de Berlusconi

Tras 17 años de hegemonizar el poder (salvo las breves interrupciones de Massimo D’Alema y Romano Prodi), Silvio Berlusconi renunció. Este empresario aventurero que se volvió multimillonario gracias a la protección de Bettino Craxi en sus negocios inmobiliarios y televisivos, acabó por llevar a Italia al borde del abismo en medio de una gigantesca corrupción.

| 18 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Se consideró así mismo el líder de un cambio neoliberal que debía modernizar Italia. Su trayectoria demostró que ponía por delante sus intereses personales, sobre todo tratando de proteger sus irregulares actividades empresariales. Descubrió que en lugar de comprar parlamentarios y jueces, era mejor hacer las leyes por mano propia que lo libraran de la justicia y multiplicaran su fortuna.

Berlusconi apadrinó todo tipo de vicios. Afianzó el sistema de jubilación temprana que permite a gente menor de 40 años recibir una pensión de por vida tras 15 o 20 años de trabajo. Mantuvo las barreras para ingresar a la administración pública y profundizó una gigantesca trama de corrupción política y judicial. Multiplicó con su mayoría parlamentaria los privilegios de una casta de 630 diputados y 315 senadores, que junto con 70 mil altos cargos usan coches oficiales de lujo con los que aterran a la gente por las calles.

Se convirtió en un gran aliado del Vaticano en sus esfuerzos por demoler la escuela pública, al propiciar la educación católica y privada. En los últimos años le dio por promover orgías con jovencísimas y muy caras prostitutas. Incapaz de controlar su apetito sexual, sus fiestas privadas, con transporte público y protección oficial, generaban cada vez más repudio, aunque hasta cardenales lo defendían.

Italia, la tercera economía de Europa y la sétima del mundo, tiene una deuda pública que alcanza el 120% del PIB. Ha sido reestructurada y ha recibido ayudas del Banco Central Europeo, pero aún así, la situación está en el límite. La deuda de las familias es bastante menor, de un 42%. Alarma la baja de la productividad y el estancamiento de una economía tan poderosa.

Berlusconi ha gobernado en alianza con la extrema derecha fascista y ha multiplicado la corrupción en un país tradicionalmente sofocado por mafias y camorras. Su desenfado para proteger y acrecentar su poder económico, lo convirtieron en un gobernante sin escrúpulos. No olvidemos que buena parte de su éxito populachero se debe a su control de la televisión, un negocio al que entró desde que Craxi lo autorizó a tener una estación vecinal en los cuatro mil departamentos que había construido en el Milán de los ochenta.

Gran promotor de la televisión basura y de la prensa amarilla, degradó el criterio público al extremo de las pasiones y los apetitos. Con Berlusconi cae una de las más peligrosas formas de ejercer el poder, aquella donde el interés privado y la corrupción que de ello deviene, toman el mando.

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