La bombera

El señor gordo con sombrero de ala ancha, cadenas gruesas de oro que le colgaban del cuello, esclavas de plata y botas de cuero con punta de metal, llegaba solo al hostal todos los sábados a las siete de la noche. Tenía una habitación reservada pagada por adelantado en el último piso del edificio, alejado de la bulla de la avenida.

| 04 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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“Cuando aparecía, el gordo pedía la llave sin decir nada y después de una hora preguntaba por él una chica diferente cada semana. ‘Busco al señor vaquero’, era la frase clave de las chicas disfrazadas que tenían la cara de ir a buscar a un señor gordo disfrazado de vaquero”, me cuenta Tony.

El vaquero siempre salía del hostal los domingos a las diez de la mañana después de un desayuno que parecía almuerzo, y, luego de una hora, dejaba el lugar la chica de la semana vestida de manera normal sin el disfraz con el que había subido la noche anterior.

“Yo dejé pasar chicas disfrazadas de enfermera, escolar de tirantes, campesinas de la selva, novias emocionadas, cocineras apuradas, bailarinas de ballet, mineras sin miedo, niñeras, y tantas otras, ah, y también una gordita disfrazada de bombera. Fue la muerte”, dice.

Aquella noche en que subió la bombera los trabajadores encargados del piso cuatro escucharon más bulla en el cuarto del vaquero que de costumbre, pero, como en los hostales siempre hay bulla, no le prestaron la debida atención.

“¿Qué pasó, Tony?”, le pregunto. Se ríe y no puede hablar. “La bombera que supuestamente era una de las mujeres de la calle que el vaquero contrataba para pasarla bien era en realidad su esposa que los sábados por la noche hacía sus cachuelos creyendo que en ese momento su esposo, sacrificado por la familia, trabajaba duro para que no faltara nada en la casa”, dice.

La bombera había usado la manguera como látigo para golpear al vaquero gordo y el vaquero se había defendido con puño limpio como en los tiempos del lejano oeste. Seguramente fue una lucha dura de amor, rabia y engaño porque, al día siguiente, Tony tuvo que llamar a una ambulancia para sacar a la pareja del cuarto.


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