La batalla educativa

La mala memoria peruana nos hace difícil recordar cómo nació este asunto de la Carrera Magisterial que bajo la magistral conducción de Antonio Chang logró separar una élite de profesores (25 mil sobre 300 mil), con un sistema absolutamente diferente al resto de sus colegas que fueron echados al olvido durante seis años, con una imagen cargada de calificativos despectivos, que tan bien traduce el diario de Aldo M con una foto de un burro, que tiene un raro parecido con él, dictando clase en un aula escolar.

| 04 agosto 2012 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores |1.8k Lecturas
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Recordemos entonces que entre su elección y el mes de diciembre de 2006, Alan García y su gobierno negociaron aparentemente en los mejores términos las demandas y la orientación de la reforma.

Pero de pronto, en una conferencia de prensa, el Presidente sorprendió a su propio ministro anunciando exámenes masivos que apuntaban a afirmar la idea de que estábamos en grado paupérrimo de aprendizajes y a asociar este concepto de que el obstáculo para cambiar la educación era el Sutep.

¿Qué hizo el gobierno?, ¿inició un proceso de capacitación docente?, ¿ofreció un proceso para que todos tuvieran oportunidad de nivelarse?, ¿dio un trato ajustado a las características de la labor especializada de cada maestro, por ejemplo la educación rural y urbana, la dirigida a adultos, la especial, etc.?, ¿definió la docencia como una actividad de formación integral del alumno o la visibilizó solamente como una oferta de conocimientos?

Ninguna de estas preguntas se responde en el sentido que dictaría la lógica más elemental: se convocó a concursos que eran un símil de los exámenes de ingreso a las universidades y se puso una nota de aprobación que filtró a los que pasaban de una ley a otra. Se asumió que los maestros se dividían entre los que saben (sin mayor relación con cómo transmiten sus conocimientos) y los de la carátula de “Correo” que además son los del sindicato.

Este trato por supuesto fue aplaudido por la peor DBA, más bruta y achorada, sobre todo cuando Chang se encerró en el nómade Ministerio de Educación y a golpes logró meter a parte del magisterio en el plan de AGP, que lanzaba cada vez más frases ofensivas a los profesores, como ese inolvidable “comechados”, del que tuvo arrepentirse cuando le recodaron que su propia madre había sido maestra.

El resultado del experimento fue la creación de una minoría privilegiada versus una enorme mayoría congelada en sueldos de vergüenza, con una perspectiva de diez o más años para invertir esta relación, un sindicato a la defensiva tratando de representar a los ninguneados pero con dudas de aparecer como un movimiento contra el mérito, y una corriente radical y sindicalera como Conare (con influencia de Sendero-Acuerdo de Paz) creciendo en base al descontento.

De todo esto el burro de las carátulas nos hace rememorar que se ha gastado mucho dinero en este producto deleznable, como si esa fuera una razón para no modificarlo.

Y aún cuando el gobierno de Humala no ha entregado formalmente su propuesta alternativa, ya por anticipado la nueva claque de la derecha más autoritaria, Apra-Fujmorismo, ha puesto precio por la cabeza de la ministra de Educación en una ofensiva por salvar la gestión anterior y taparle sus miserias, pero a más largo plazo lograr alinear la dubitativa política educativa Humala-Salas con el esquema neoliberal de Castilla que crece como una metástasis.

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Raúl Wiener

Raúl Wiener

POLITIKA

Analista