La Amazonía, el gran laboratorio del mundo

Navegando por el enigmático río Manu encontré hace algunos años al famoso biólogo estadounidense John W. Terborgh, profesor de las Universidades de Harvard y Duke y sin duda el científico que más conoce las riquezas del Parque Nacional del Manu, a cuyo estudio se ha dedicado desde hace tres décadas.

| 02 junio 2008 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores | 718 Lecturas
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Lo entrevisté en una canoa, acoderada en una playa del Manu estival y le pregunté por qué había dedicado su vida a estudiar el bosque tropical del Manu desde su centro de operaciones en “Cocha Cashu”. “Es el más grande y el más rico laboratorio natural del mundo”, me contestó.

Julio Arce Hidalgo es un destacado bioquímico nacido en la Amazonía. En su destartalado laboratorio de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP) estudia los principios activos de las plantas. No hace mucho fue invitado a Estados Unidos para explicar las propiedades de un aceite. Le pidieron 50 toneladas de ese aceite que con la mínima capacidad de su laboratorio no podía producir. Él es el que ha descubierto que el ácido fórmico de las hormigas gigantes, las isulas, es devorado por una bacteria mucho más poderosa que la penicilina.

Dennis del Castillo Torres, investigador del IIAP, dice que el fruto del aguaje (Mauritia flexuosa) produce un aceite que es el mejor bloqueador de los rayos solares y, además, los aguajales son los más insaciables sumideros de carbono.

Es cierto, el bosque amazónico es el mayor laboratorio vivo del planeta que podría generar ciencia y conocimiento y respuestas para la medicina, la alimentación, la industria y todas las demandas de las sociedades humanas en medio de la crisis ecológica y económica del mundo. Los bionegocios, el biocomercio y la bioindustria pueden ser las ramas básicas del desarrollo sostenible de la Amazonía y del Perú.

En vez de eso, Alan García concibe a la Amazonía como un inmenso campo para biocombustibles y producción de madera a través de grandes empresas que en el Brasil han provocado verdaderas catástrofes ambientales. El pensamiento único de “el perro del hortelano” es el cortoplacismo más angurriento y destructivo de la naturaleza.

Pero Alan García, sin saberlo, acaba de provocar uno de los mayores cambios políticos en la región: ha unido a toda la Amazonía contra él y su proyecto. La hora de la resistencia ha llegado en la Amazonía.


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