La agonía del drawback

Uno de los pocos mecanismos de promoción de exportaciones no tradicionales es el drawback, (diseñado a fines de 1970) que constituye un procedimiento destinado a restituir los derechos arancelarios que gravan la importación de mercaderías (materias primas, envases, insumos o bienes intermedios) que se requieren para fabricar productos de exportación no tradicional.

Por Diario La Primera | 08 oct 2008 |    

Su aplicación en el Perú, como toda novedad, estuvo cargada de distorsiones y reservas por parte de la administración pública; pero sin duda fue y es un mecanismo promotor y con sentido de justicia ya que devuelve al exportador aquellos tributos que afectan su producción destinada a la exportación.

La restitución de los tributos es el 5% del valor FOB de exportación, siendo que el volumen de exportación no debe superar los 20 mil dólares americanos por volumen de exportación por empresa y por partida arancelaria.

La lógica es que los tributos no se exportan sino sólo las mercancías ya que el consumidor del extranjero no tiene por qué pagar los impuestos de otro país. En efecto, cada país asume sus tributos pues ellos sirven para atender sus necesidades sociales y no las de una tercera nación.

En nuestro país, con una carencia de infraestructura y con la logística de distribución física en manos de empresas extranjeras, pertenecientes a países con los cuales competimos en los mercados extranjeros, el drawback constituye un mecanismo de equilibrio y de protección principalmente a la industria textil que debe ser mantenido, en tanto no existan mejores condiciones de asistencia técnica por parte del Estado.

Algunos consideran que es un subsidio; pero a la luz de la inmensa vaguedad que existe en el marco de la OMC para determinar el dumping y los subsidios, cualquier medida puede ser considerada como tal. Sin embargo, en estricto análisis no lo es ya que se trata de la devolución de impuestos internos que impone el país productor, no son soportes monetarios ni fiscales.

Para superar esta agonía del drawback que alienta la burocracia estatal se necesita un esfuerzo por el lado empresario y estatal. Así, las empresas exportadoras podrían modificar su sistema de costeo por absorción pasando a uno de costeo directo que determine lo que realmente afecta al volumen de exportación y dentro de ellos estaría incluso el IGV y el impuesto a la renta. Ese sistema debería ser mostrado a la autoridad y luego fijar la tasa de restitución o de drawback que podría, tal vez, crecer.


    Aníbal Sierralta Ríos

    Aníbal Sierralta Ríos

    Opinión

    Columnista