La agenda distorsionada

Los periodistas hemos estado queriendo convencer al país que sus principales problemas consisten en saber qué haremos con Fujimori y cómo se comportará el Estado si el Movadef toca a su puerta. En realidad ha sido la derecha más bruta y más achorada que nunca la que nos ha llevado a su terreno, avanzando fichas a favor del indulto con dramatizaciones, encuestas y declaraciones de políticos interesados y distraídos, hasta que los propios fujimoristas hicieron caer el andamiaje con sus errores de principiantes, y la que nos ha llevado luego a la sensación de estar rodeados por los neosenderistas en las universidades, los colegios y a nivel internacional, siempre favorecidos por una izquierda que “no deslinda suficientemente con la subversión”.

| 12 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Obviamente al otro lado de la cancha se ha debido enfrentar esta ofensiva demostrando que lo que ha estado en juego es burlar el mandato de la Justicia, buscando que el exdictador reciba un trato de excepción en relación a sus faltas, impulsado por todos los que les deben su actual posición política y económica; y que lo de los seguidores de Guzmán se infle, aun haciéndoles el juego, para alimentar la inseguridad y la desconfianza. El Perú sale, por supuesto, aturdido de este extraño orden de prioridades, cuando sus problemas hace muy poco tenían que ver con agudos reclamos salariales de profesionales y trabajadores al servicio del Estado que habían estado largamente postergados y con el desarrollo de conflictos sociales y ambientales vinculados a la actividad minera.

El hecho es que todos hemos estado en la trampa que apunta a distorsionar los términos en que hace apenas 17 meses se dividieron los peruanos en el momento de la votación y que corresponden gruesamente a las opciones de cambio de la orientación económica y redistribución del crecimiento y del poder, frente a los que se resisten a cambiar por temor o conveniencia. Ese país que eligió a Ollanta quería algo muy diferente a lo que ha ido sucediendo y obviamente no votó para que nos ocupáramos de organizarle un forzado indulto a Fujimori o estuviésemos obsesionados con unas decenas de militantes del Movadef que aparentemente se han hecho incontrolables, aunque no hayan protagonizado actos que se puedan llamar “terroristas”, desde hace muchos años.

Un comentarista extremo ha escrito en estos días, a propósito del tema, que así como Ollanta tuvo que “entender” que había que mantener el modelo económico, tendrá que hacerlo en relación al resto de la propuesta autoritaria fujimorista, incluyendo la noción de que en esta “guerra” el campo enemigo se extiende hasta la izquierda, que ya antes no solo no estuvo entre los ganadores, sino que les tiró piedras desde fuera. O sea que el buen Ollanta tendrá que ser todo lo que iba a ser Keiko y la izquierda pagar por lo que él anunció en el camino hacia el poder. Si les parece demasiado lo que este caballero dice, miren los titulares sobre Lynch y Lerner, y el odio que ha provocado la filtración de las fotos sobre la prisión de Fujimori y la prohibición para que pueda hablar a una estación radial, para que queden convencidos.

No solo se trata entonces de una agenda distorsionada que es desde donde comienza la cosa, sino de un ataque en todos los frentes para acorralar al gobierno y empujarlo mucho más a la derecha de donde ya está. En ese punto nos encontramos. Con respuestas contradictorias e indecisiones que hacen que muchos teman lo peor.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista