Kilometraje del irrespeto

Puestas las expectativas públicas en el discurso presidencial de Fiestas Patrias, lo anodino de su mensaje sirvió ante todo de trasfondo para destacar como siniestra noticia que ocuparía los titulares periodísticos y los comentarios de la gente en los días siguientes la terrible, aunque ya habitual, mortandad en las carreteras, acentuada por el mayor tráfico usual en esos días. Ese tipo de acontecimientos, cotidianamente sufridos por los peruanos, definen la dimensión que le corresponde a los pomposos y frecuentemente falaces discursos oficiales sobre el avance y el progreso, como el que en esta ocasión se traducía irónicamente en el goloso señalamiento del número de kilómetros de carreteras inauguradas, con silencio absoluto sobre lo que en ellas ocurría mientras tanto.

Por Diario La Primera | 05 ago 2008 |    

De hecho, lo que en este terreno tenemos, contrastando con la insufrible autosuficiencia de la ministra de Transportes o declaraciones como las del reciente y escandalosamente elegido presidente del Congreso (“la labor de la ministra de Transportes, Verónica Zavala, es bastante aceptable”), es una tragedia nacional: Unos 3,500 peruanos muertos el año pasado en accidentes de tránsito –obviamente, la mayor parte de ellos, niños y adultos de estratos sociales pobres– y, en lo que ha transcurrido del presente año más de mil (cerca de noventa sólo en las dos últimas semanas), habiéndose elevado la tasa de muertes, en relación al mismo periodo del año pasado, en un 60%. En cualquier otro lugar donde la decencia es más que una palabra, los responsables políticos de este desastre debían haberse ido a su casa. Difícilmente ocurrirá eso aquÑ

Por eso es que, más allá de los discursos y anuncios con relación a que el Perú avanza (¿de ser aquello evidente, necesitamos que nos lo hagan saber machaconamente, gastando además nuestro dinero en la profusa propaganda?) y a la modernización, esta continua tragedia pone con fatalidad las cosas en su lugar: mientras los emisores de aquellos discursos identifican la modernidad ante todo con el ámbito de las cosas, en este caso con el kilometraje de las carreteras y no con lo que sobre ellas o con ellas ocurre, en el terreno decisivo de las relaciones sociales asoma lamentablemente –como en aquellos discursos– el arcaico perfil de la ausencia de un elemental sentido del respeto y la justicia, base para cualquier convivencia viable.


    Zenón Depaz Toledo

    Zenón Depaz Toledo

    Opinión

    Columnista