Kepashiato y una serie de eventos desafortunados

Es impresionante la sucesión de informaciones negativas que han seguido al famoso comunicado sobre la “victoria impecable” y la supuesta desbandada de los “narcoterroristas” que, se dijo, habría sido el motivo de la liberación de los rehenes: emboscadas con abundantes muertos y heridos; periodistas que encuentran a “Gabriel” atravesando el “cerco” sin cruzarse con un solo militar sobre el terreno; encuentro de un helicóptero abatido que había sido ocultado por las versiones oficiales; policías que denuncian abandono de sus compañeros por parte de los oficiales que no quisieron arriesgarse; denuncias de familiares sobre la edad e inexperiencia de los soldados y policías movilizados; denuncia de chalecos inservibles para enfrentar fusiles; raciones de alimentos malogrados que intoxican a la tropa; ocupación militar de los colegios con la consiguiente molestia de la población, etc.

| 26 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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Nunca antes una operación que podía haber quedado como un esfuerzo para salvar a los trabajadores que finalmente salieron ilesos, y que obviamente no estaba hecha para derrotar a los que no han podido ser derrotados durante veinte años, había tenido tantos derivados desmoralizantes no solo para las instituciones armadas sino para el país que había creído que la captura de Artemio correspondía al toque mágico del presidente.

Ahora al Ministerio de Defensa no le ha quedado otra opción que explicar que la logística cuestionada fue licitada y adquirida durante el gobierno anterior, lo que siguió a una declaración anterior pidiendo no difundir las noticias negativas.

Pero si se ve de esta manera diremos que todo, desde el plan “Excelencia” para el Vrae, que es el mismo que Alan García lanzó rimbombantemente en el 2009, y que ha fracasado en cada una de sus etapas: ocupación del Vizcatán sin combate porque los senderistas no estaban ahí, creación de bases militares posteriormente destruidas por la guerrilla, ofensiva a ciegas, etc.; estructura de mando privilegiando el aspecto militar sobre el policial y político; tácticas de enfrentamiento: helicópteros y descenso de combatientes, que los expone a francotiradores; personal siempre escogido por el número y no por la especialización de las unidades; vienen de hace muchos años.

Si con ese dispositivo se da la orden de ataque será inevitable que las vulnerabilidades salgan a la vista, como ha pasado en estos días. Pero el pragmatismo es así, porque asume que lo único que cuenta es quién está al mando y da la orden.

En sustancia es el olvido de la profunda descomposición de las instituciones estatales, en este caso de las militares y policiales, que pasaron por la guerra interna con todas sus crueldades, el golpe de Estado y la corrupción fujimorista.

Ese Ejército que Ollanta denunció en Locumba, convocando a hacer unas fuerzas armadas nuevas, comprometidas con el pueblo. Pero de lo que hemos oído en estos días, han quedado inmortalizadas las palabras del general Contreras, que dice que ha sido la “revancha contra Fujimori” lo que ha afectado la moral militar y ha impedido vencer en el Vrae.

La propia celebración de los quince años de Chavín de Huántar ha estado encuadrada en ese tono de reivindicación implícita de los métodos de Montesinos que en buena cuenta quiere decir que nos dejen las manos libres que nosotros sabemos cómo se arreglan estas cosas.

O sea no solo estamos perdiendo en la confrontación militar, sino en el plano ideológico, donde crecen las visiones más militaristas de esencia golpistas.

Ojalá Ollanta encuentre una línea propia para recuperar la iniciativa, sin exitismos, marchas forzadas a ninguna parte y bombardeos desesperados que solo dañan a la población civil.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista