Kenji

Ese día improbable en que Kenji sea presidente de la República, el país habrá cambiado de nombre, la sinrazón habrá cundido por todas las facultades de las universidades, Susy Díaz habrá logrado que le erijan un monumento de bronce junto al del can Puñete, y estas tierras serán la pocilga que siempre soñó el reo Alberto Fujimori.

| 19 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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No es difícil que se cumpla el anhelo de Kenji de ser candidato a la Presidencia de la República, porque trabaja en ello sin descanso desde que se dio cuenta de que su hermana mayor es ya un caso perdido. Ahí radica también su bronca cada día más evidente con ella. No es descabellado que sea candidato para ocupar el sitio de privilegio en Palacio de Gobierno, ojo, él ha sido el aspirante al Congreso más votado en las últimas elecciones.

Kenji parece salido de una revista cómica mal lograda. Si me dieran a elegir entre él o la caricatura que nos hace reír en los programas cómicos de televisión, obviamente me quedaría con la caricatura que indica “tampoco, tampoco”.

A veces, por las tonterías que dice, uno se confunde entre él y su caricatura y siempre llega a la conclusión de que el que habla en el Congreso es una mala copia del que sale en los programas de humor.

Para una cosa sí sirve Kenji. Para exigir al gobierno, si es preciso en las calles, invierta más, mucho más en educación, porque hay un riesgo de que la mala preparación en los colegios y universidades traiga como consecuencia dobles de Kenji.

Dicen que ama a los perros sobre todas las cosas; pero estoy seguro de que si los canes hablarán y tuvieran otras facultades le harían un plantón infinito por todo lo malo que le hizo al famoso “Puñete”.

Por tanta corrupción, por tanto robo en política, Kenji es un castigo cruel. Un niño de siete años de edad me preguntó si sabía en qué trabajaba Kenji. “Es congresista de la República, se supone que propone leyes, fiscaliza,…”. “Ya. Yo solo quería saber en qué canal trabaja para reírme un rato. Es que me gusta cuando dice ‘tampoco, tampoco’”, dijo el niño.


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