Keiko sigue ilusionada

Keiko Fujimori, la primogénita del exdictador Alberto Fujimori, intenta aprovechar las circunstancias adversas por las que pasa el gobierno para ver si su imagen, bastante opacada luego de las elecciones, mejora al menos un poquito.

| 06 diciembre 2011 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Llamó “presidente débil” a Ollanta Humala, además de calificar a su gobierno como “la gran desilusión”. Nadie sabe cómo hubiera actuado ella ante Conga, pero es previsible que hubiese recurrido a la represión a balazo limpio sin necesidad de declarar el estado de emergencia en la zona.

Ella fue aliada del minero Roque Benavides en la campaña y pertenece a ese grupo de políticos que llaman “revoltosos” a los que protestan de manera justa; “débiles”, a los que optan por el diálogo; “inversiones imprescindibles”, a los capitales que entran al país para sacar dinero a costa de cualquier cosa.

En fin, Keiko está ilusionada aún con eso de que puede ser la primera presidente de la República. Es su sueño desde aquel tiempo en que Vladimiro Montesinos y su papá le hicieron creer que tiene aptitudes para ello.

Por eso, estudió, según denuncias periodísticas, con dinero de nuestros impuestos y se licenció en Administración de Negocios en la Universidad de Boston en 1997 creyendo tal vez que ser presidente es para hacer negocios como su padrino Alan García, experto en negociados.

Quiso ser mandataria a los 36 años de edad demostrando que quiere ser precoz en todo. A los 19 años, llegó a ser Primera Dama de la Nación ocupando el cargo honorífico que su madre repudió por haber sido maltratada por su padre.

Fue Primera Dama desde abril de 1994 hasta noviembre del 2000 del gobieno de su padre y su “tío” Montesinos, a quien luego empezó a criticar en la campaña como para que creyéramos que ella es honesta. No le creímos y por eso perdió las elecciones.

En Estados Unidos conoció a su esposo Mark Villanella, que pudo ser el primer caballero de la Nación. A Mark también le queda todavía la ilusión de llegar al poder.

No se notó su paso por el Congreso. Podemos resaltar, sin embargo, que su trabajo consistió en faltar mucho. Su pasaporte trabajó más que ella en el Parlamento. Ahora nadie sabe en qué trabaja; pero todos sabemos que vive bien, como si hubiera ganado las elecciones.

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