Juego de espías

Así que Chile nos espía de pura envidia que nos tiene por el hecho que le hemos arrebatado el cetro de puma del Pacífico y que nos ve “crecer” (más o menos 0%) cuando a ellos los ha mellado la crisis internacional. Han bastado tres años de García en el poder para que pasemos de tener como meta “alcanzar a Chile” en el 2011, a calificar a nuestros vecinos de republiqueta.

| 18 noviembre 2009 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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Pero tras todos estos alardes hay casi diez mil millones de dólares en inversiones sureñas en el Perú y el control de diversas ramas de actividad económica y varios miles de millones en armamento que ha creado un desbalance brutal con los peruanos. Y en medio de esta situación aparece un espía que estaba entregando información relevante a Chile y que desde mayo de este año era seguido por los servicios secretos hasta que a fines de octubre lo capturaron y encerraron, mientras iban detrás de sus cómplices. Pero cuando esto empezaba, estábamos discutiendo si al armamentismo chileno se le respondía con un esfuerzo por aumentar la capacidad de defensa del país, que el gobierno resolvió con la fórmula del pacto de “no agresión”, convertida luego en la propuesta del “desarme” que consistía en un tour de ministros a cada una de las capitales de Suramérica a presentar a los presidentes la “idea” de Alan García.

Cómo un gobierno que se queja de haber quedado en desventaja respecto a su vecino más conflictivo y que está camino a desenmascarar una red de espías al servicio de ese mismo país, busca una salida al problema con fotos y declaraciones pacifistas de diversos gobernantes, es algo que sólo puede entenderse en la lógica de Alan García. Y como no tenemos la más mínima intención de adherirnos a la hipótesis chilena de que todo fue un plan maquiavélico para crear una imagen de amor a la paz, para luego soltar la bomba Ariza en plena reunión de gobernantes en Singapur, dejar plantada a Bachelet en la cita previamente pactada y desembarcar a Aráoz de la que iba a ser la misión de su vida: convencer a Chile de dejar las armas, tenemos que concluir que aquí ha habido una pieza fuera de control que no estamos viendo.

Efectivamente, en la interpretación más sana de lo ocurrido sólo cabe suponer que García sabía del espía (sería el colmo que lo hubieran perseguido tantos meses y detenido sin avisarle), pero desconocía que la noticia saldría durante su viaje. En ese caso la reunión con Bachelet hubiera sido un escenario probable para que los presidentes decidieran qué hacer con esta bomba. Entonces alguien, desde Lima, sacó el caso en la víspera de la reunión, y puso no sólo a Chile, sino al propio presidente, contra la espada y la pared. El largo silencio de Singapur, el desconcierto de la plana mayor del APRA y el intento de García de ponerse al frente de la batalla, que se evidencia en el último discurso, apuntan a que ha habido una necesidad urgente de reacomodo.

El “desarme” ha sido desarmado y eso ha sido la victoria de alguien que todavía no vemos pero sospechamos. Entretanto, todos somos patriotas y nos cuadramos detrás de nuestro presidente.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista