Judíos nazis

Como Moisés Wolfenson ya está libre sin haber pagado la reparación civil -sí, el Wolfenson que calumniaba a cambio de dinero del SIN y en yunta con Pepe Olaya-, entonces el director de “La Razón” ya puede poner las cartas sobre la mesa. Ya no hay nada que temer. Total, funciona el maridaje del seco aprista y el sashimi de pescado podrido del fujimorismo. ¿No ven al congresista Pando liberado gracias al ausentismo apro-fujimorista? ¿No escuchan al héroe del Frontón, señor Giampietri, defender a Fujimori y no ser rectificado por nadie del gobierno? ¿No dijo García en Tokio que los peruanos admirábamos tanto al Japón que por eso elegimos presidente a un japonés?

| 05 abril 2008 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.4k Lecturas
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Bueno, pues. Entonces ya es tiempo de que Uri Ben Schmuel, tan agazapadamente proisraelí como los Wolfenson y como el Winter ese emparentado con los Wolfenson, diga lo que piensa del grupo Colina, de Martin Rivas y de los derechos humanos.

Y el señor Uri Ben Schmuel, director de “La Razón”, ha sido muy claro.

De Martin Rivas ha dicho que “es un soldado que sirvió a la Patria” (así, con mayúscula). Y ha añadido esta frase que el lodo, fatalmente, no podrá inmortalizar: “Si fuéramos un país agradecido, Santiago Martin Rivas (y, para el caso, también Fujimori) tendría que ser condecorado y no tratado como un criminal…”

¿La Cruz de Barrios Altos para el psicópata que la familia Wolfenson y su escribidor enaltecen? ¿La Orden del Sol en grado de Gran Exterminador? ¿La Medalla del Valor para quien asesinaba estudiantes desarmados y llegó a matar a un niño de ocho años en la masacre de Barrios Altos? ¿O le damos la máxima condecoración que algunos canallas pueden imaginar, es decir la Orden de Ariel Sharon en grado de Sabra y Chatila? ¿Así piensa Azi Wolfenson, el huidizo patriarca familiar que se esmera en pasar por civilizado?

Uri Ben Schmuel llama “operaciones especiales” a los asesinatos del grupo Colina.

Y escribe a continuación:

“Sí, claro, hubo daños colaterales. Pero que no nos vengan con el cuento que (sic) son víctimas inocentes. Para que un civil pueda ser protegido por las leyes, debe evitar tomar parte en las hostilidades y si viola este principio está sujeto a una represalia igual que los cuadros terroristas (sic). En Barrios Altos se planeó el ataque a la escolta de los Húsares de Junín, que mató a seis soldados y dejó a 25 inválidos de por vida. Los autores del atentado de Tarata, donde se asesinó a 25 personas e hirió a 155, se escondieron en La Cantuta”.

Este fujimorista con sede en el Mossad, esta mezcla de Menace Begin y Alberto Pandolfi, difama tumbas y se ensaña con los ajusticiados. Todos sabemos que las víctimas de Barrios Altos, incluyendo el niño que recibió disparos en la cabeza cuando quiso guarecerse en una habitación, nada tenían que ver con Sendero Luminoso. Fue “un mal dato de Inteligencia” el que hizo creer al enfermo mental que es Martin Rivas de que detrás de esa pollada podía estar la gente de Guzmán. Y fue una siniestra presunción la que llevó al mismo grupo de asesinos seriales a matar a quienes extrajeron a la fuerza de La Cantuta, entre los cuales -lo supimos por declaraciones del mismo agente infiltrado que los señaló- hubo cinco personas que ni siquiera merecían ser tildadas de sospechosas.

Pero aun en el caso de que todas las víctimas de Barrios Altos y La Cantuta -incluyamos otra vez al niño de ocho años- hubiesen sido senderistas, ¿es que el plumífero de los Wolfenson justifica el exterminio al margen de toda ley? Sí, este señor ha drenado el siguiente párrafo:

“Porque las eliminaciones selectivas no son violaciones a los derechos humanos, sino un medio eficaz que permite al Estado defenderse de quienes quieren sembrar la muerte y destrucción. Y eso no es “guerra sucia”, como claman los “derechohumanistas”. No existe tal cosa como una guerra “limpia”. Es guerra a secas. Y demanda lo que sea para ganarla”.

Lo que el director de “La Razón” ha escrito parece salido directamente del ministerio de Defensa de Israel o de la oficina de quienes matan a domicilio (y desde el aire) a los líderes de Hamas, movimiento electoralmente invencible en Gaza. El director de “La Razón” supone que está en Tel Aviv y que aquí hacemos lo que las tropas de su país (me refiero al país de sus afectos) hacen, desde 1948, con los palestinos. Lo que pasa es que “las eliminaciones selectivas” no lo son tanto. Por eso es que en la última excursión carnicera al Líbano, la del año 2006, las tropas israelíes mataron a más de mil doscientas personas, un tercio de las cuales eran mujeres y niños. Y por eso es que la más reciente matanza en la Franja de Gaza dejó 116 muertos en sólo 72 horas, un tercio de los cuales eran mujeres escondidas en sus casas y niños escondidos en el regazo de sus madres. A eso llama este sujeto “daños colaterales”.

Una vez libre Moisés Wolfenson, “La Razón” ha vuelto a evocar los peores ejemplos de la familia Wolfenson. Hay que admitir, sin embargo, que ni siquiera Pepe Olaya se había atrevido a tanto. Si en el Perú hubiese antisemitismo -felizmente que estamos libres de esa infección- lo escrito por Uri Ben Schmuel se usaría como atizador. Pero lo que ese señor pretende no saber es que lo que ha escrito podrían haberlo firmado Himmler, Göering y el mismísimo Hitler. El fujimorismo reinterpretado desde los asentamientos ilegales de la Cisjordania, suena a cadena arrastrada, depravación surtida y pestilencia de alma.

Y si el director de “La Razón” desprecia a quienes defienden la vigencia de los derechos humanos, esperamos que nunca necesite apelar a ellos para salvarse de una persecución genocida, como aquella de la que fue víctima su pueblo. Porque el señor director de “La Razón” es humano, aunque haga todo lo posible por disimularlo.

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César Hildebrandt

Opinión

Columnista

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