Juan Marcoz, Gato y Periodista

Me apropio de un bello texto de Carlos Paúcar en que describe al gran Juan Marcoz: “Gato por las pesquisas, por la mirada alerta porque además se mueve como para dar un salto al recuerdo, un arañazo a su experiencia. Gato le dicen sus amigos porque pertenece a la raza enorme de los periodistas bañados en aventuras, en bohemia, en interminables horas de redacción” (“Los Pura Sangre” en La República. 25.11.90. p. 28).

| 03 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 2k Lecturas

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En tantos años de reportero, Juan Marcoz ha visto y escrito de todo. Crímenes infames, secuestros, persecuciones, venganzas, desastres… Siempre estuvo ahí con su tirante colgando, su cigarrillo apagado y su libreta para acopiar datos.
2014

Y podríamos añadir que confirmó su apodo, su vieja chapa, al salir nuevamente airoso de un apuro hospitalario, uno más de aquellos que intentaron doblegar su férrea decisión de permanecer vigente en la dirección de su querida Asociación de Periodistas Policiales (Apepol) de la que soy orgulloso miembro Honorario.

Cuando ingresé a la redacción de “La Crónica” en lejanos años cincuenta, Juan Marcoz ya era parte de la leyenda de los cronistas policiales. “Pregúntale al Gato” me decían los veteranos cuando pedía consejo. Y aquel Gato siempre estaba dispuesto a ayudar a los principiantes.

Muy delgado, de pocas palabras, usaba tirantes pero solo una correa sostenía el pantalón porque la otra tendía siempre a su costado; un cigarrillo permanente colgaba de su labio inferior y secundaba al “Capitán” Nieves, Jefe de Policiales, sucesor del igualmente legendario cronista Becerrita que Mario Vargas Llosa inmortalizó en “Conversación en la Catedral” y en sus memorias.

Marcoz no carecía de pergaminos. Era hijo de Juan Marcoz Sarrín, policial como él y que había muerto en la redacción sobre la máquina de escribir luego de una acalorada discusión. Jovencito, el Gato tomó su puesto y allí estuvo hasta su jubilación, unos cuarenta años después…

Su amabilidad y buena disposición para las noches de bohemia lo hicieron popular tanto en el gremio como en la Policía. No había puertas cerradas para él ni expedientes secretos. El Gato manejaba como nadie las fuentes policiales y tenía siempre el dato de primera mano. Cuando apareció “Ultima Hora” en 1950 debió competir con colegas igualmente diestros en la indagación y la amistad y nunca fue derrotado.

En tantos años de reportero, Juan Marcoz ha visto y escrito de todo. Crímenes infames, secuestros, persecuciones, venganzas, desastres… Siempre estuvo ahí con su tirante colgando, su cigarrillo apagado y su libreta para acopiar datos para el consiguiente buen reportaje.

El Gato es el cronista policial más estimado en nuestro gremio y muchos lo acompañan en su deseo de unir a los colegas. Hasta hace poco, antes de caer enfermo, convocaba a la “Apepol” en nuestro lamentable Colegio de Periodistas y es seguro que al retornar a la actividad llamará a junta para intentar, nuevamente, reunir a este inconstante gremio.


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Juan Gargurevich

Opinión

Columnista

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