José Álvarez vuela sobre Miami

En mayo del 2011, me llamó desde Joplin, Missouri, mi excelente amigo colombiano José Álvarez. Manteníamos una amistad telefónica y siempre nos comunicábamos para darnos buenas noticias.

| 24 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.5k Lecturas
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José tenía dos para mí. La primera era que iba a casarse y que su novia lo estaba esperando en Seattle.

La segunda noticia consistía en que acababa de terminar de escribir una novela de la que me había mandado algunos fragmentos y que me parecía extraordinaria.

En vista de que Seattle está a cuatro horas de Salem, donde vivo, lo invité a que se quedara unos días en mi casa. Le conté que yo estaba por partir a España, y que por lo tanto solo estaría con ellos hasta el martes. Después, serían ellos los dueños de casa.

José no quería causarme molestias, pero de todas formas lo convencí.

Ese domingo, 22 mayo, cerca del mediodía me llamó desde Joplin, pero yo no estaba en casa. Insistió y por fin dejó su teléfono descolgado.

Esa parte de la historia solo la conozco porque una espantosa fuerza de la naturaleza borró del mundo a José, a sus planes de boda, a sus personajes y a todos sus sueños.

El tornado de Joplin llegó desde algún lado del cielo, o acaso del infierno, y se llevó la ciudad. Además de millares de heridos, 157 personas resultaron muertas.

Su familia y sus amigos, residentes en Miami, lo buscaron durante dos semanas al cabo de las cuales encontraron su casa a 10 cuadras de distancia. Cerca de allí, su carro. El cadáver de José estaba en otro lado. Revisando sus llamadas, me cuenta Marta Daza, descubrieron que me había estado llamando en el preciso momento del tornado.

José era un notable escritor, y su novela iba a ser uno de esos milagros que solo ocurren en ciertos momentos. Todo ello se lo llevó el viento.

Tal es la razón por la cual se me ocurrió trabajar en una antología que incluyera a escritores iberoamericanos residentes en los Estados Unidos. Acabo de publicarla con el nombre de “Cruce de fronteras” antes de que a todos nos lleve el viento.

¿Cómo escriben los escritores de España y de uno y otro lado del continente que viven aquí?

Escriben como si se hubieran perdido en un lugar situado entre el paraíso y el infierno. Según algunas antiguas mitologías, cuando el héroe se pierde en el bosque o en el laberinto, algo trascendente ocurre dentro de él. Al salir, está intacto, pero ya no es el mismo.

Es muy posible que el acento o acaso el espíritu de su lenguaje hayan cambiado, pero hay algo en él que revela el alma de su tierra y las voces de los suyos.

Vivir en los Estados Unidos y escribir en español no equivale ya a renunciar a la lengua sino a enriquecerla con el sabor y las variantes que aportan los hispanoparlantes de uno y otro lado de nuestra América concentrados aquí.

Como se puede ver en Cruce de fronteras, la palabra ofrece a personajes y autores la libertad de estar en los dos lados de la frontera al mismo tiempo. En cuanto a mí, ni palabra está manchada por el recuerdo de la guerra sucia que incansable y silenciosa ha vivido y posiblemente vive mi país. De allí proviene el relato con que concurro a esta antología. Se llama “Horas con María Laura”.

El 26 de marzo a las 6:30 p.m. en la librería Books and Books de Miami estaremos presentando este libro. Estoy seguro de que de alguna forma mi amigo José Álvarez estará presente. Estaba allí para decirnos que debemos apresurarnos, escribir y vivir, y hacerlo con mucha fuerza para vencer al tornado.


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Eduardo González Viaña

Crónica

Colaborador