Jesse James quiere ser ministro

Si algún tipo de anti­aprismo existe como medida de precaución, Luis Alva Castro justificaría ampliamente esa existencia.

| 15 abril 2008 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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Porque el antiaprismo como vacuna y aun como antibiótico parece imprescindible para no ser contaminados por ese cinismo que babea, ­ese amor por el crimen que sonríe, esa predilección por las sombras que Alva Castro encarna tan resuelta como partidariamente.

Ayer, por ejemplo, Alva Castro fue al Congreso a desafiar a la decencia. Dijo que el gasto previsto en la resolución 096-2008-IN/PNP no se ha efectuado todavía, como si eso fuera lo relevante. Claro que los desembolsos se irán haciendo a lo largo de todo el ­año y por eso es que el título del dispositivo es “Exoneran de proceso de selección la contratación de servicios para la ejecución del Plan de Estrategia Publicitaria enero-diciembre de 2008”.

Lo importante es que el ministerio que Alva Castro regenta se salta a la garrocha el concurso o la licitación para favorecer, ostensiblemente, a una antena fría y, en el momento de la resolución, vinculada al partido de gobierno.

Alva Castro no puede dejar de mentir. Trátese de campesinos muertos o de dineros que se le han confiado, su tropismo instintivo es hacia la mendacidad. Y ayer soltó otra mentira descomunal: dijo que un criterio para la asignación de la inversión publicitaria en TV había sido “la percepción de niveles de seriedad, responsabilidad y veracidad y su condición de señal abierta o por cable”.

¡Palmas apristas, compañeros!

Alva Castro ha citado una resolución que no existe y ­unos criterios que se acaba de inventar. Lo que la resolución de marras señala es que esa plata del presupuesto policial (más de seis millones de soles) se gastará “en función de los índices de lectoría, audiencia o sintonía, según corresponda…”

Y en el caso de RBC no hay índices de sintonía por decisión propia. Por lo tanto, se ha incurrido en un ilícito y si tuviéramos a un Contralor General de veras y no atenazado por el miedo, esto ya se habría convertido en el proceso legal correspondiente. Porque no sólo está el caso de RBC –aunque este sea el más notorio–.

¿Por qué RPP recibe casi el triple que “El Comercio”, siendo las tarifas de la radio infinitamente menos caras que las del papelote? ¿Por qué la muy pútrida y agonizante revista “Gente” recibe más presupuesto que el diario “Ajá”? ¿Por qué “El Popular” es el primer beneficiado en la repartija del rubro prensa escrita? ¿Por qué no hay mayor diferencia entre lo asignado a Canal 4 y lo regalado a Canal 5, siendo que hay un abismo de sintonía entre ambos? Algunas respuestas son obvias: porque con RPP se “maneja” el día a día, porque Genaro coordina con el régimen para no perder su precario papel de administrador judicial, porque Escardó entrega tro­feos de hojalata y editoriales que los incautos leen antes de entrar donde el dentista.

Y así podríamos seguir. Así como un día Alva Castro expropió el ahorro de miles de peruanos congelando certificados de ahorros en dólares y devolviéndolos en ruinosos intis –reinado de Alan I, 1985-1990–, así ahora ha decidido que el ministerio del Interior es su huerto, los policías sus ujieres, los congresistas su claque y la prensa, en general, ­esa cochinadita que Mantilla habría moldeado tan bien como Montesinos.

Pero de cochinadas nos ­inundan.

Ayer, el ministro Enrique Cornejo –el del ICE,¿recuerdan?– decía que lo primero que hizo, luego de la llamada del doctor García, fue cesar a Jorge Aparicio, gerente general del Banco de Materiales.

Lo que no dijo es por qué mantiene como jefe del gabinete de ­asesores del mismo Banmat a José Luis Miguel de Priego Palomino, implicado en una decena de procesos penales. El señor De Priego fue gerente general del Banco de la Nación cuando Alfredo Jaililie era el cajero del montesinismo, cuando se perpetró el cuantioso robo (llamado “salvataje”) en el banco Wiese, cuando ocurrió el incendio letal del banco que gerenteaba y cuando Fujimori ordenó el pago de 15 millones de dólares “como indemnización” para Vladimiro Montesinos. Y allí está, en el Banmat, feliz de la vida, mimetizado con “los nuevos cuadros” llegados del local de Alfonso ­Ugarte y de sus filiales de provincias.

Que el Banmat es un nido de ratas, se sabía. En diciembre del 2006 tres funcionarios del Banmat de Puno dijeron que habían sido asaltados en el camino a hacer un depósito. La policía descubrió poco después que no hubo ningún asalto y que Cecilia Quispe, Miguel Vesalco y Yuri Limachi, los tres empleados del Banmat, se habían birlado los 26,995 del depósito y habían fingido el despojo.

Lo pintoresco es que han ­echado al gerente general pero todo indica que no van a tocar al presidente del directorio del Banmat. Este señor se llama Mario Valcárcel Aragón, fue nombrado por Garrido Lecca y ha sido acusado por el Quinto Juzgado Penal Anticorrupción por el delito de “encubrimiento real”. En su calidad de liquidador del Banco República, Valcárcel envió al Congreso información premeditadamente falsa. La fiscalía lo acusa, en concreto, de haber hecho creer al Congreso que el Banco República era un acreedor mayor de las empresas Vista Florida Fabrimet. Lo que quería el Banco República era, en realidad, apoderarse de esas empresas y para eso derramó dinero negro en más de un juzgado de Chimbote –tal como lo pudo comprobar la jueza Antonia Saquicuray–. Quizás no sea irrelevante recordar que Garrido Lecca fue director del Banco República entre 1994 y 1996.

En Tarapoto, en enero de este año, se denunció el cobro de cupos para el otorgamiento de préstamos subsidiados a las víctimas del terremoto ocurrido el 2005 en la región San Martín. Un presupuesto de 18 millones de soles no ha llegado hasta ahora a quienes realmente lo necesitaban.

En Banmat se roba con cargador frontal. En el Plan ­Anual del 2008, por ejemplo, figuran rubros como este: 54,000 dólares (sí, en dólares) “por servicio de transporte aéreo para pasajeros”; 66,000 soles “por servicio de alquiler de fotocopiadoras”; 50,000 soles “por servicio de empaste de libros”; 180,000 soles “por mensajería y paquetería”; 135,000 soles “por instalaciones eléctricas para sistema de aire ­acondicionado en los pisos 6, 8, 9, 11 y 12 de la sede central”.

Y lo más cómico: 42,000 soles “por contratación de servicios de auditor gubernamental (Apoyo Comisión de Auditoría 12 Meses)”.

Ladrones. Todo indica que los tiempos de Enci y las diligencias asaltadas y la entrada a saco en los almacenes y los ábretes-sésamo de las cajas fuertes y la cuatrería cuando hay luna menguante ¡han regresado! Es el far west de los remigios fanfarroneando en la cantina. Las pistolas humean y las horcas esperan. ¡Jesse James quiere ser ministro!


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César Hildebrandt

Opinión

Columnista