Javier vive

Javier Diez Canseco representó el coraje, la convicción y la fuerza de las ideas, la pugnacidad por encima de las limitaciones. A lo largo de su vida dio innumerables batallas y nunca lo vimos retroceder ni quejarse. Siempre en la vanguardia nunca buscó complacencia, condecoraciones ni distinciones.

| 18 mayo 2013 01:05 PM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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En los días de tristeza por su enfermedad, sucesivos y multitudinarios homenajes, reunieron a mucha gente que reconocía en Javier altísimos valores de honestidad, coraje y consecuencia.

Porque siempre lo vimos luchar con una militancia estoica y revolucionaria, con un genio recio más allá de sus limitaciones físicas, con extraordinaria energía y gesto rebelde y radical.

Se dedicó a pelear por un pueblo que lo reconocía como uno de sus mejores hijos, con el que se identificó en esfuerzos, sentimientos y pensamientos.Javier se ha ido pero seguirá siempre en LA PRIMERA fila de la reflexión y la acción para la lucha política y social que él supo liderar como ninguno, sin temor a la confrontación, haciendo de la verdad su bandera.

Fue el paradigma del revolucionario que desea fervientemente cambiar el país y hasta el final su espíritu intacto lo impulsó a enviar mensajes de unidad y fuerza moral.

Fuimos privilegiados testigos de su lucha contra la dictadura Fujimorista.

Lo vimos llegar a las reuniones en silla de ruedas.

A él le correspondió la idea original de la Marcha de los Cuatro Suyos que ayudó a organizar junto a Alejandro Toledo en un comité que compartimos.

Por casi una década estuvimos en el Comité Cívico por la Democracia y en el Foro Democrático forjando una confluencia definitiva que se concretó en el Acuerdo de Gobernabilidad, impulsado por Gustavo Mohme Llona en Noviembre de 1999.Javier tenía mucho para dar y dio a nuestra sociedad tan necesitada de valores morales, humanos, sociales y políticos.

Bregó por el rescate de la política y su indispensable conexión con la ética.

Nunca dejó el campo de batalla por lo cual nunca será historia, su palabra y su imagen no se borrarán de la retina de sus compañeros de acciones, en las calles, en la tribuna congresal, en las asambleas donde conmovía e impresionaba su cultura y versación junto a su idealismo juvenil y su pensamiento sensibilizado por las carencias políticas y sociales.

No pudimos asistir al sepelio por estar en el exterior pero hicimos llegar nuestras condolencias para Liliana, sus hijos y familia y en especial para todos los peruanos que lloramos su partida.

San Marcos se vistió de gala para despedirlo.

Nunca hubo tantas flores en la Casona.

Eran para un hombre que como el Cid sigue y seguirá ganando batallas después de muerto.

Llegado el momento de los reconocimientos, el cariño y la admiración popular se evidenció masivamente.

Y es que su imagen nunca abandonará a los desheredados y a los débiles por los que entregó vida, voluntad y energía.

Javier vive.

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