Javier sabe ganar dinero

Nancy no entendía por qué su hijo Javier estaba engordando si la lonchera que le enviaba al colegio contenía una dieta como para mantener esbelta a una modelo quisquillosa. La lonchera de Javier contenía puras frutitas picadas, ensaladas frescas, huevitos de codorniz y jugos de frutas tropicales; pero él sospechosamente empezó a engordar como si comiera cerros y cerros de papas fritas, con trozos de pollo frito, bañado de cremas de todos los colores y todos los sabores.

| 30 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores |796 Lecturas
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Nancy lo visitó un día cualquiera a la hora del recreo y descubrió a su hijito de diez años de edad sentado en el jardín del colegio con sus amigotes devorando cerros de papas fritas. “¿Dios mío, y con qué dinero compra todas estas cosas Javier?”, pensó.

Aquel día no le dijo nada al niño para no ponerlo a la defensiva; pero el fin de semana habló con él de manera sosegada después del almuerzo y descubrió que su hijo era un potencial empresario.

Se enteró que Javier compraba las papas fritas y toda la vaina que acompaña a éstas con el dinero que un niño flojo le pagaba porque le hacía las tareas, que la mochila nueva no se la había ganado en una rifa sino que se la había comprado con el dinero que un enamorado platudo le había pagado por un extensa carta de amor para la profesora que lo volvía loco.

Se enteró también que los libros de versos y relatos fantásticos de hojas finas no eran de la biblioteca del colegio sino de su propiedad y que habían sido comprados con el dinero que le dejaban las chicas perturbadas por amores desaforados a cambio de consejos para calmar la ansiedad extraña que produce el amor. Nancy entendió entonces por qué una vez una chica llamó a su casa preguntando por el consejero sentimental.

Nancy se enteró además que el dinero que se había encontrado en la calle justo cuando necesitaba plata urgente para pagar el alquiler de la casa no era un milagro de la Virgencita de Chapi, sino parte de las ganancias mensuales de Javier y que él había dejado caer adrede en la calle.

Javier quería seguir contando cómo podía conseguir dinero con facilidad; pero Nancy, consternada hasta el asombro, dijo: “Basta, veo que te dedicas a hacer dinero cuando una te manda al colegio a estudiar”. “Perdona, mami, te lo iba decir antes; pero pensé que me estaba portando mal y que me ibas a castigar”. Nancy no supo qué decir y en medio de los nervios indicó, por decir algo: “Claro que te voy a castigar. Todo el dinero que ganes desde ahora será decomisado”. Los dos se miraron y se mataron de la risa.

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El Escorpión

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