“Irresponsable e idiota”

“Irresponsable e idiota” ha llamado Estados Unidos, a través de su embajador en la OEA, al retorno del presidente Manuel Zelaya a Honduras.

| 29 setiembre 2009 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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No me extraña para nada que el régimen de Barack Obama haya empleado guantes de seda en contra de los golpistas y puño de hierro, ahora, para intentar descalificar la legítima audacia del presidente depuesto.

¡Qué estupendo resulta lo que hizo Zelaya!

¡Cómo gratifica que un latinoamericano de valor nos recuerde que en este continente también nacieron, junto a millones de gaznápiros y revendidos, hombres corajudos como Bosch, Allende o el monseñor Romero!

Mientras el régimen de facto establece un estado de sitio de 45 días y clausura los dos últimos medios de comunicación que quedaban en Honduras, el Departamento de Estado justifica implícitamente la brutalidad de Micheletti insultando su gesto.

De nada vale que, simultáneamente, Estados Unidos deporte a una hija de Micheletti. Habría sido esa una actitud valiosa si hubiese estado acompañada de un aumento de la presión sobre este ensayo de gorila derechista. Por ahora resulta, sencillamente, una anécdota migratoria.

Micheletti se burla de la OEA, impide el ingreso de una misión mediadora, acosa hasta la provocación al gobierno del Brasil, en cuya embajada está (todavía) protegido el presidente Zelaya, clausura Radio Globo y Canal 36 y suspende hasta la libertad de pensamiento en una Honduras que ahora controlan, ya sin hipocresías, las chusmas uniformadas.

¿De dónde le sale tanta terquedad a un pobre diablo como Micheletti?

Quizá de la convicción de que los Estados Unidos no llevarán la presión hasta extremos. También de la idea de que las elecciones próximas juegan a su favor y de que la agenda derivará a nuevos titulares inexorablemente.

El granuja hondureño también debe recordar, para su alivio, la naturaleza histriónica de la OEA, una institución que jamás ha corregido algún entuerto.

Pero lo que más estimula a Micheletti es, sin lugar a dudas, el saberse hijo predilecto de la tradición latinoamericana.

Si Estados Unidos hizo lo que quiso en Centroamérica –desde la separación de Panamá hasta el golpe mugriento en contra de Arbenz, pasando por los Batistas y Trujillos-, ¿qué autoridad moral tiene para enfrentarse a uno de sus tardovástagos?

¿No fue en Honduras en donde la CIA entrenó a las tropas de la Contra nicaragüense, del mismo modo que fue en Guatemala donde hicieron ensayos los fracasados invasores de Bahía de Cochinos?

Desde su perspectiva de pandillero derechista, Micheletti tiene razón. ¿Quién es Obama para decirle lo que es democracia? ¿Y qué es la OEA, ese conversatorio crónico en donde se aprueba lo que no se cumple y se desaprueba lo que ya no tiene remedio?

Los barros del ayer son el lodo actual de Micheletti.

Y los que dan penita son los comentaristas de la derecha: no saben cómo disimular su beneplácito por “la solución Micheletti”; no pueden ocultar su carencia de principios; no pueden dejar de ser lo que siempre han sido: pancistas que llamarán a los cuarteles cada vez que alguien se salga del libreto.

Porque en esta obra en muchísimos actos que es Latinoamérica lo único que está prohibido es la improvisación y la morcilla.


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César Hildebrandt

Opinión

Columnista