Insulto a la fe cristiana

Alguna vez creí, con Malraux, que el hombre era un montón de secretos.

Descubrí, sin embargo, que, más bien, el hombre suele ser un montón de mentiras.

Y que la historia es, casi siempre, una suma de ensangrentadas mentiras.

| 27 diciembre 2008 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores |1.5k Lecturas
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Pero si tuviera que elegir la mentira más perturbadora, más clamorosa y, en muchos sentidos, más abyecta, elegiría la de la religión.

Estas fiestas pasadas, claro, esa mentira ha sido de neón y ofertas, de cielo y de cupones, de epifanías y descuentos.

Y como que uno se va resignando, como que uno se va ablandando, como que uno se va agrietando. Y entra en el mercado del Mesías y compra como loco y gasta como idiota y se endeuda como irresponsable y todo para cantarle su cumpleaños al Señor que odiaba a los mercaderes y despreciaba a los fariseos y quería que el hombre fuera otra cosa.

Pero, en fin, se dice uno, si la navidad de los católicos sirve para que nos regalemos y reunamos los que nos queremos y para que extrañemos a los que nos hacen falta, no está mal.

Pero las huestes del Papa, la guardia suiza de las supremas farsas, el sicariato celestial del signore Cipriani, no se satisfacen con eso. Quieren más. No sólo quieren tu cansada anuencia sino tu entusiasmo y lo que te quede de alma.

Y por eso, después del nacimiento en Hiraoka, un día después de que los reyes magos se cambiaron en un camerino de Ripley, minutos más tarde de que el pesebre parpadease con pilas Duracell y el Papá Noel de almacén sudase como un cerdo vendiendo peluches, inmediatamente después de todo eso, lanzan su psicosocial:

“Virgen María dio a luz a Jesús en la Maternidad de Lima”.

Con libreto de teleserie de las 9 de la noche, con vocación de Canal 2 y de señora Alexander, con la firma de un Luza del séptimo cielo, la historia es que una tal señora llamada Virgen María Huarcaya, de 20 años, dio a luz, a las cero horas con diez minutos del día 25 de diciembre y en un desatendido hospital público de Lima, a un niño al que bautizó como Jesús Emmanuel. Detalle conmovedoramente adicional: el padre, Adolfo Jorge Huamaní, es carpintero como José, el padre telepático de Cristo.

¿Se puede ser más idiota?

¿Se puede querer más idiotez?

¿Se puede aspirar a idiotez tan perfecta y –por qué no decirlo- sublime?

No, no se puede.

Y esta historia que insulta ya no a la inteligencia sino a la fe de los que tienen la virtud de poseerla, este cómic de franciscanos de cerebro, resulta, por supuesto, desplegado a todo dar en los comercios de la prensa.

Y así resulta que “El Comercio”, que alguna vez decentemente laico, pone una foto inmensa del nuevo enviado, de su madre, la señora Virgen María, y de quien emula al carpintero bíblico que fue padre inmóvil y distante del Señor.

Y titula: “Se llama Jesús y nació de Virgen María en Navidad”. Y subtitula: “Dos milenios después se revive la historia de Belén”. Señala, además, que este Jesús vivirá en la precaria casa de sus terrestres padres, en Pamplona Alta.

¿Pamplona Alta? ¿No es ese un lugar cuya pobreza aplastante parece no haber sido vista por el atento Dios que acaba de reencarnarse, o algo así?

No importa, el asunto es que la gente común se lo crea. Porque los que organizan esta historia saben que la religión, tal como ellos la han entendido desde hace dos mil años, es el terror que se esgrime para que el mundo parezca hechura de Dios y la pobreza hechura de Dios y la riqueza hechura de Dios y la injusticia hechura de Dios y hasta la estupidez y las guerras hechuras de Dios.

O sea que te arrodillas, crees, y te adhieres. Y a lo primero que te adhieres es al acta de sujeción del Vaticano.

Hasta “La República”, un diario que podría ser positivista por lo menos –decimonónico y librepensador por lo menos- no duda en plegarse a esta historieta vulgar y pone una foto enorme en primera página. Y encima de la foto, el recatado título que a Charlie se le ocurrió en pleno trance místico del cierre de medianoche:

“El misterio en Lima” Y más abajo: “Jesús, el hijo de Virgen María...Huarcaya”.

Es como para no creerlo.

Es como para no creer.

Es lo que le gusta a la gente.

Es como los goles de Cubillas.

Así se explica uno la deserción masiva que en todo el mundo están sufriendo las filas de estos neopaganos arrimados a la sombra de Roma.

He sido agnóstico practicante. En vez de catedral he tenido tiendas de campaña y, en vez de cruces, ceros de infinito.

Pero después de leer cosas como esta, ciprianadas como esta, y después de ver al doctor Alan García cada día más morado en octubre y devoto todo el año, cargando andas el doctor García, morado y entre incienso el doctor García, estoy a punto de declararme ateo y de decir, citando a Baudelaire, que Dios es el único ser que, para reinar, ni siquiera tiene necesidad de existir.

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César Hildebrandt

César Hildebrandt

Opinión

Columnista