Inicio y final

Las ciencias que se ocupan de nuestro cerebro y de sus diversos y muy complejos mecanismos han demostrado, en lo que se refiere a nuestra memoria, cómo y cuánto recordamos, que nos es más fácil retener cómo empieza y como termina una actividad cualquiera.

Por Diario La Primera | 03 jul 2011 |    

En efecto, cuando nos es dada una lista de números o de palabras por ejemplo, es muy probable que recordemos con más facilidad la primera y la última. A esta particular tendencia en el trabajo de nuestro cerebro la ha llamado la sicología como efecto de primacía y recencia. Le será fácil al lector comprobar este efecto ejercitándose ya con una lista de números o con una de palabras, leerlas y luego intentar recordarlas, verá entonces que aparecerán rápidamente en la memoria las cifras o palabras del inicio y del final.

Conocer esta mecánica de la memoria nos servirá para hacer cada vez más efectiva nuestra comunicación, por ejemplo para cuándo tengamos necesidad de hablar ante cualquier auditorio al que queremos hacerle llegar nuestro mensaje, tener presente éste efecto y entonces preocuparnos por ser claros y concisos especialmente al empezar como al finalizar.

Un comportamiento típico del auditorio que evidencia este efecto o principio es el que se produce inmediatamente después de que el expositor o hablante dice: “... finalmente y para terminar…”, entonces casi al unísono los oyentes se mueven, se acomodan, se disponen, extreman su mecanismo de atención, aunque algunas veces resulten frustrados porque el expositor no supo hacer uso eficiente de ese momento ya sea porque no fue claro o porque habló demasiado. He visto a muchos expositores que después de anunciar el final les da por hablar y hablar como si quisieran empezar a decirlo todo de nuevo.

El inicio y el final entonces, ya se trate de una exposición, reunión de trabajo, entrevista y cualquier otra forma de comunicación en el que nos toque ser protagonistas, son momentos-oportunidad, es decir, son espacios que debemos tener muy presentes y prepararnos para utilizarlos eficientemente en beneficio de lo que intentamos transmitir: ideas, emociones, pensamientos, etcétera. Claridad y concisión en nuestro mensaje, que se entienda fácilmente lo que estamos diciendo y que se pueda decir con pocas palabras, brevemente, de manera que quienes nos escuchen lo puedan retener.

Si hemos convocado un auditorio dispuesto a escucharnos, entonces debemos preocuparnos porque reciban un producto de calidad: nuestro mensaje dicho de manera simple, cercana y amable. Serán precisamente nuestras palabras de inicio las que prepararán a los asistentes a ejercer su mecanismo de atención, cuanto mejor trabajo hagamos al inicio tanto más atentos se mostrarán. También lo que digamos al final será lo que más recuerden, lo que se llevarán en su memoria.

Decir que vamos a decir, luego decirlo y finalmente decir para qué lo hemos dicho. Inicio, desarrollo y cierre son las partes de una exposición cualquiera. Asegurarnos el inicio y el final evitará que cansemos al auditorio y, además, garantizará la eficacia de nuestra comunicación.

Referencia
Inicio y final

    Jaime Lértora

    Jaime Lértora

    ¡Habla Jaime!

    Columnista