Inflación importada

Así que la inflación era importada.

Y nosotros que estábamos creyendo que los precios bajaban de todos modos porque estábamos abiertos al exterior.

| 02 abril 2008 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 3.2k Lecturas
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¡Qué cuernos si se joroba la industria, la agricultura y otros sectores obsoletos, que dan trabajo, pero no nos dejan ser modernos!

Pero ahora resulta que nos tiramos casi todo lo que había de industria, asfixiamos al campo, y resulta que no estamos consiguiendo los precios bajos y estables a los que aspirábamos, sino todo lo contrario.

Y el ministro que baja aranceles cada dos meses, nos explica que él no tiene la culpa… porque la inflación es importada.

La receta: importar más. Bajar más lo aranceles. Para que internamente nos pongamos en una sola línea con los precios del mundo, que si son muy bajos sacarán del mercado a los productores nacionales, y cuando suben y ya no hay producción interna nos afectan a todos.

La “inflación importada” no es un fenómeno natural, como un cometa que nos cae en la cabeza y no pudimos haber hecho nada para prevenirlo. Es la consecuencia de una apuesta a crecer bajo las reglas de la globalización: exporte todo lo que pueda al precio más alto –ganancia de exportadores-, importe lo que pueda al precio más competitivo –ganancia de importadores-, y es en ese mundo en que vivimos ahora.

En otros países se están tomando medidas: Bolivia pone restricciones a la salida de productos que requiere para su mercado interno (por ejemplo el aceite, pero podría ser el petróleo y el gas); Argentina aplica un impuesto a las ganancias de los exportadores de alimentos, que le ha costado a la presidenta una huelga de hacendados.

En el Perú, el presidente García dice, por su parte: “Es muy poco lo que se puede hacer ante un fenómeno que viene de afuera”. ¿Pero no es que él andaba construyendo un país mirando hacia fuera, ofreciendo el oro y el moro a las grandes potencias, y ¿qué nos están dando a cambio?, pues “inflación importada”.

La inacción de García es ciertamente apabullante. El burro que tocó la flauta neoliberal y creció 8% en un año, se muere de miedo de buscar otra nota que desafine completamente. Por eso prefiere creer que no tiene ninguna culpa y que la tormenta se despejará en corto tiempo.

¿Y si no es así? Si el comercio internacional se retrae y el país apostó todo a esa ficha, ¿nos pasará como cuando jugamos la timba de la deuda externa? Si los alimentos siguen subiendo, ¿seguiremos empujando a nuestros agricultores a los espárragos, la canola y los mangos?, ¿o volveremos a mirar al campo peruano como la fuente principal para que los peruanos no sufran hambre?


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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