Indulto: gana-pierde

1).- “Seguiré luchando por mi salud, libertad e inocencia”, con letras claras y sin que le tiemble el pulso, el expresidente Fujimori se muestra altanero y creyéndose todavía como si estuviera en el poder. Aunque ya no es el grito destemplado de “soy inocente” que retumbó en toda la sala durante su juicio, sigue manteniendo el mismo carácter y tozudez. Recordamos cómo, en la misma sala y ante la presencia de Montesinos, no vaciló en contestarle, cachaciento, el guiño de ojo a su otrora casi compadre y cómplice, sabiendo que lo estaban filmando las cámaras de la TV. Dejando sin piso la parodia “de busca” de Montesinos, cuando éste regresó clandestinamente de Panamá, y también la ridícula tesis de sus seguidores más obnubilados que consideran que el expresidente Fujimori no sabía nada de los latrocinios de su compinche asesor, cuando todo lo que hacía éste era a su favor.

| 01 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.8k Lecturas
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Durante su encierro en la Diroes, mientras descubría su interés por la pintura, debe de haber reflexionado si lo mejor fue abandonar la presidencia del país, engañándonos con el pretexto de una reunión en el extranjero, y luego renunciar insólitamente a la presidencia de la república mediante un fax, en un caso vergonzoso y único en el mundo. También, si fue correcto presentarse como candidato al Senado japonés, creyendo que sus otros compatriotas recordarían el rescate de los diplomáticos japoneses secuestrados por el MRTA en 1997, y cuya figura interesadamente fue resaltada por la prensa nipona como si hubiera sido el artífice de la exitosa operación militar.

2).- La solicitud a favor del indulto que presentarán sus hijos, con la anuencia de su padre, choca con la actitud desafiante del preso. Se sigue considerando inocente, después de ser condenado en un reconocido juicio imparcial por todos los veedores internacionales. En otras palabras, el preso Fujimori considera que el juicio fue amañado porque lo acusan de aquello que él no cometió o que lo que hizo no fue delito. Es decir, considera que el juicio fue un fraude, y por lo tanto su prisión es injusta. Y con esa actitud, es que “pechando” al régimen y al país ¡pide que se le indulte por razones humanitarias! No es alguien que muestra arrepentimiento por lo hecho ni menos pide perdón. Fríamente, analiza las informaciones acerca de las conversaciones, aproximaciones y tentativas de acuerdo, debajo de la mesa, con quienes, sabe él, depende la decisión del indulto.

El país y su justicia, la política y el decoro, entre otros valores de la democracia saldrían seriamente mellados. Se reforzaría el sentido común que en nuestro país ganan siempre los que tienen dinero o poder. Hasta se habla, desvergonzadamente, que el indulto de Fujimori sería un paso a favor de la reconciliación. Los comprometidos con los turbios negocios del fujimorato saltarían de alegría, o los más encopetados, los de largas sotanas y los antiguos jefes militares que se enriquecieron dirían “ya ven, como les decíamos, era cuestión de esperar”.

Pero, este globo de ensayo va a reventar. El pueblo saldrá a las calles. Los nacionalistas honestos no se quedarán callados. Los liberales lo rechazarán. El operativo psicosocial se estancó. Algunos tocan retirada. Y los que persistan, serán derrotados.

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Carlos Tapia

Opinión

Columnista