Imagen pública

¿Conocerán las empresas lo que pierden cuando su imagen se ve asociada a malos comportamientos? No creo que mi opinión pueda ser una estadística pero de igual forma pretendo con estas líneas alertarlas para que no permitan que un indicador de malas prácticas de comportamiento ciudadano crezca hasta que el daño sea mayor.

| 25 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Aquí un recuento de cuatro situaciones observadas en las últimas semanas:

Camión botando basura
A la altura de los pantanos de Villa, veo como desde un moderno camión que lleva el logo de una empresa de publicidad exterior (lema de la empresa, teléfonos, web), el copiloto arroja una bolsa con basura. Mi indignación ante esta conducta hizo que me pusiera rápidamente al lado del chofer y le llamara la atención, éste se disculpa conmigo pero la bolsa igual se quedó en el camino: Le advertí que iba a comunicar el hecho a su empresa cosa que hice tan pronto llegué a mi casa. Comuniqué el hecho a la empresa advirtiéndoles que dicho comportamiento no era una buena publicidad precisamente para una empresa cuyo negocio es la publicidad en exteriores. Recibí un correo del gerente agradeciéndome la información y asegurándome que tomaría cartas en el asunto. Ojalá lo haya hecho pero igual yo me quedo con la asociación de su empresa y la basura.

Automóvil con logo
A diario veo a choferes pasarse la luz roja, conducir como borrachos, bajarse a orinar en el camino, lanzar desperdicios, etcétera. Asqueantes situaciones por cierto pero lo son más cuando se dan desde un lindo auto con el logo de una linda empresa puesto en las dos lindas puertas y conducido por un feo individuo ¿sabrán las empresas cuanta imagen pierden con esos comportamientos?

Juerga en el módulo de venta
Es sábado temprano y estoy en un supermercado tratando de escuchar al vendedor que me explica las ventajas de una cámara fotográfica, trato digo, porque al lado desde un módulo de venta de equipos celulares, los cuatro empleados vociferan y acompañan con risotadas contándose sus juergas de la víspera. Aplico tolerancia pero el sostenido y grosero comportamiento de estos jóvenes colaboradores me obliga a acercarme y decirles si saben el daño que están haciéndole a su empresa. Se disculpan conmigo y vuelve el silencio y ahora puedo escuchar al vendedor y sus explicaciones, sin embargo la imagen y el logo en ese módulo me queda grabada como algo que rechazo.

Camino a Jauja
Cuando niño escuché muchas veces mandar a Jauja a los que tosían, en clara asociación a las características excepcionales del clima de ésta ciudad para la cura de la tuberculosis. Viajé a Jauja el último fin de semana y lo hice por avión, se sale muy temprano. Los doce pasajeros vamos en un ómnibus camino a abordar el avión. Una señorita, yo y cuatro jóvenes ejecutivos de una empresa minera que son los únicos y groseros hablantes, estamos muy cerca unos de otros, de manera que el lenguaje procaz de éstos se va haciendo cada vez más insoportable toda vez que no les importa la presencia de la señorita. Mi tolerancia resiste hasta un punto en que el exceso me obliga a intervenir y, entonces, mirando a uno de ellos al que tengo frente a mí le digo que respeten la presencia de una mujer y éste de inmediato se disculpa. Cesa la bulla y la vulgaridad pero en mí queda el logo de la empresa y mi curiosidad por saber si son conscientes del daño que le han hecho.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista

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