Igualdad de oportunidades

La igualdad de oportunidades parece haberse convertido en un lugar común o, peor aún, en un supuesto dato de la realidad, en un hecho existente y en un don de nuestra sociedad.

| 31 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 747 Lecturas
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Así, desde un punto de vista conservador, las oportunidades están ahí, a la mano, los triunfadores las han tomado y, en el otro extremo, quienes viven en la pobreza y la exclusión están así porque no supieron aprovechar las ocasiones que este país generoso brinda a sus habitantes.

La afirmación parece tener lógica, pero está muy lejos de ajustarse a la realidad, pues las oportunidades son para quienes están mejor dotados para la vida, para quienes han tenido acceso a una buena alimentación, una atención de salud adecuada y una educación de calidad, siendo excepciones las de aquellos que, sin tener esas bases, han sabido sobreponerse, remontar las dificultades y lograr cumplir sus metas y acceder a una vida plena, de realizaciones y satisfacciones.

Lo normal y lo lógico es que quien creció entre el hambre, las carencias y la enfermedad y no tuvo una educación adecuada, no está en condiciones de competir ni de aprovechar ningún tipo de oportunidad.

Por eso es necesario el desarrollo y el pleno cumplimiento de las metas de inclusión social que se ha fijado el gobierno y que corresponden a un consenso nacional en torno a la necesidad de hacer con ello que de verdad las oportunidades sean para todos.

En la medida que en el país haya menos excluidos y marginados de la economía y de los beneficios del crecimiento y del desarrollo, avanzaremos hacia la tan ansiada igualdad de oportunidades y a una sociedad en la que, se vaya alcanzando la inclusión con equidad, que es un concepto distinto y superior al de igualitarismo,

En una sociedad de ese elevado nivel y en una democracia que tenga ese contenido, los ciudadanos se sentirán más comprometidos a defender los valores cívicos y el país alcanzará desarrollo en lo político, lo económico, lo social y lo cultural, sin que vuelvan a rondarlo amenazas de destrucción que nacen de la frustración de los humillados y ofendidos, que no se resignan a seguir siendo, por generaciones, ciudadanos de segunda categoría.

El reto que se ha fijado el gobierno es pues enorme y podrá cumplirlo en la medida que todos los peruanos apuntemos en la misma dirección y trabajemos por el cumplimiento del anhelo de tener una sociedad plena en todo el sentido de la palabra. Una sociedad en la que, ahora sí, los peruanos de todas las clases y todas las sangres enfrenten la vida con las mismas oportunidades. Una sociedad superior, para la grandeza de la Patria.


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