Ideologizados

En el Perú, hay un problema entre la gran minería y el mundo de las comunidades campesinas. Eso lo reafirman a cada rato los informes de la Defensoría del Pueblo y lo vemos en conflictos como el de Espinar y Cajamarca.

| 25 junio 2012 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores |  1.8k 
1899  

Las comunidades campesinas tienen siempre una experiencia propia o cercana con estos gigantescos injertos que se colocan en medio de ellos a explotar el subsuelo alterando no solo el ambiente y el uso del agua, sino el conjunto de la vida del campo.

La mina, por relación de fuerzas y por poder del dinero, impone su ley, que es totalmente diferente a las reglas consuetudinarias de la vida en comunidad en las alturas de la sierra peruana. Las comunidades temen a la mina, pero no es un miedo irracional, producto que alguien les contó un cuento para asustarlos.

Ellos temen que lo que se les dice antes de comenzar la explotación, cuando les explican que los impactos serán mínimos y la compensaciones fabulosas, resulte al final en un daño irreversible. Nadie que haya visto el inmenso hueco donde antes estaba la laguna negra de Cajamarca puede fácilmente aceptar la oferta de reservorios por lagunas.

Pero tampoco no hay quién vaya a creer que canjeando lagunas naturales por reservorios construidos y administrados por la mina, los campesinos sentirán que han encontrado el camino hacia el desarrollo. Podrán como los de Espinar negociar beneficios bajo presión, pero siempre habrá una tensión que en Lima no se siente, pero que la tendríamos en el alma si la mina estuviera frente a la casa de cualquiera de nosotros.

De lejitos nomás el presidente ha dicho que gentes ideologizadas se oponen al cambio que él propugna, ahora que parece que ya se puso de acuerdo con Newmont sobre los términos de la “nueva minería” que serían los de un compromiso de guardar mayor agua para su distribución entre la población.

Ciertamente da ganas de recordar aquí cómo Ollanta mandaba buscar a los “ideologizados” para que apoyasen su candidatura y los acuerdos que adoptó con ellos. Pero si vamos a lo que piensa el pueblo, ese que hace la masa de votos que interesa a todo candidato, y también la masa de conflictos que preocupan al gobierno, ahí, como lo hemos demostrado más arriba, lo que pesa es la experiencia vital y la manera como lo comprenden los marginados del poder, aquellos que vienen exactamente de sentirse engañados en las elecciones del 2011 por promesas solemnes que ahora no se quieren cumplir, y que se toma como lo más natural dejarlas de lado.

¿Quieren que personas que han pasado por el duro trato de la mina, se crean aquello de que el gobierno conversando con los dueños de las grandes empresas van a hallar la fórmula de una “nueva minería” que nos hará a todos felices? La gente que junto con Ollanta reclamó cambio en las plazas, no es opuesta obviamente a hacer del Perú otro país. Pero su decepción está centrada en que eso no está ocurriendo y que a este gobierno que se suponía que iba a ser diferente le han tenido que empezar a sacar diálogo y concesiones a punta de medidas de fuerza.

Debería haber más ideología en los conflictos sociales. Debate sobre el Perú que queremos, el rol de la actividad extractiva, la agricultura y la industrialización, la democracia como ejercicio diario del poder y los derechos reales de las comunidades. Pero el presidente nos quiere desideologizar.

Loading...


En este artículo: |


...
Raúl Wiener

Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

Deje un comentario