Humala y la ilusión por el cambio

1).-La inconsecuencia de Humala, entre las promesas del candidato y sus posturas y decisiones contrarias ya como presidente, se refleja en las últimas encuestas. En la política, esta apreciación es compartida tanto desde los sectores de la derecha como desde el progresismo y la izquierda.

| 23 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.7k Lecturas
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Para el fujimorismo y otros de la Derecha Bruta y Achorada (DBA) los problemas y vicisitudes por los que atraviesa el actual gobierno tienen que ver con las subsistencia de ciertos rezagos del Humala-candidato que limitarían la conducción “pragmática” del Humala–presidente. Quieren gestos más claros y estar más seguros de que ya se echó al cesto de la basura las propuestas de la primera vuelta. Para el progresismo y la izquierda, la renuncia al programa de cambios propuestos cuando era candidato, particularmente con lo sucedido en Cajamarca, marca ya el rumbo escogido por Humala; el silencio presidencial ante los muertos en las protestas sociales fue la gota que rebalsó el vaso. Para otros, el gobierno de Humala cubriría un espacio de centro derecha, improvisado y vacilante, que privilegia la lógica del continuismo neoliberal pero que no llega a cubrir las expectativas y confianza que los grandes poderes sí tuvieron, por ejemplo, durante los gobierno de Fujimori, Toledo y García.

Como se aprecia, para todos, el apoyo de la derecha aprovecha las ventajas otorgadas por Humala, algunas concedidas gustosamente, otras trabajadas al susto y alguna hasta a regañadientes. También, la convivencia de Humala (la pareja se entiende) con la derecha, basada en el lenguaje de dame que te doy, tiende a consolidarse a favor de un militante anti izquierdismo, revivido en la lucha y casa de brujas contra “los rojos” al estilo de la época de la guerra fría. Soterrada, pero decidida y con objetivos de mediano y largo plazos, y utilizando los argumentos de siempre aunque ahora recubiertos bajo el manto de la defensa del estado de derecho.

2).- En realidad, este es un gobierno que ha renunciado a realizar los cambios que los de abajo esperaban y el país necesitaba. Apenas pasado un año de gobierno ya padece de envejecimiento político prematuro, y al transitar por el continuismo su destino será el de durar por durar en el poder hasta dejarlo el 2016, sin pena ni gloria aunque resguardado de cualquier investigación, seria y de verdad, por el gobierno entrante.

Visto así las cosas, cómo no ser ganado por la desesperanza cuando recordamos los inflamados discursos internos llamando a “construir el nacionalismo para los próximos cien años en el país”. Ahora se comprenderá por qué, también, en los tradicionales bastiones humalistas en el sur, los intelectuales provincianos y los movimientos sociales que sirvieron de ariete para romper el cerco de la DBA durante la campaña electoral, han perdido todo entusiasmo aunque, todavía, guarden en silencio su desengaño. Pero, la ilusión por el cambio ya fue torpedeada. Y con ella la oportunidad de construir una nueva voluntad política organizada, democrática y de masas, bajo el liderazgo de Humala. En el año que ha pasado, es la mayor victoria de la derecha y el continuismo que no ha sido suficientemente resaltada. Y que, también, corre a favor de los extremismos de todo tipo.

Pero no hay mal que por bien no venga. Los de abajo ya se muestran cansados de ser simples acompañantes de liderazgos prestados.

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Carlos Tapia

Opinión

Columnista