Huampami y el oro de la Cordillera del Cóndor

En los amaneceres invernales de Huampami, el viajero despierta con el fragor erótico de la copiosa lluvia, la música turbulenta del Cenepa y hasta el vozarrón del embravecido río Comaina.

Por Diario La Primera | 26 enero 2009 |  1.7k 
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Fue en esos días en que es prudente no navegar y es imposible penetrar en el bosque en que los apus me contaron, en largas e interminables historias circulares, sobre Iwanchi, el demonio, la sombra; acerca de Ajutap, el personaje supremo; los secretos de Tempe, el picaflor que, en la cosmovisión Jíbaro-Jíbaro, es el mensajero de la buena y mala suerte. Pero sobre todo me persuadieron de que el mundo indígena necesita, hoy más que nunca, de un Ipaamamu, es decir, de la unidad, de la fuerza colectiva para resistir las amenazas que se ciernen sobre su supervivencia.

Precisamente pobladores de Huampami, la capital del distrito del Cenepa, tomaron como rehenes el 14 de este mes a un grupo de trabajadores de la compañía minera “Afrodita” (se sabe que el cien por ciento de las acciones de “Afrodita” han sido compradas por la minera canadiense Dorato Resources Inc.) porque la población de la Aguarunía ya está harta de que los intrusos entren a sus casas, o sea a sus pueblos y territorios, sin pedir permiso y casi siempre para extraer oro, petróleo, madera y otras riquezas.

El caso de la empresa petrolera Hocol Perú SAC. es un ejemplo de lo que pasa en la Amazonía Peruana donde 500 mil kilómetros cuadrados han sido lotizados y entregados por los gobiernos de Fujimori, Toledo y García a las compañías de hidrocarburos. La Hocol ha recibido un lote de 852 mil hectáreas en la Provincia de Condorcanqui, que cubre buena parte del territorio de la Aguarunía, el habitat de los Aguaruna-Huambisa, en el norte de la Amazonía.

En la Cordillera del Cóndor, estratégica por muchas razones, seguridad nacional, ambiental, social y cultural, por tratarse de un territorio de frágiles ecosistemas y residencia milenaria de los Jíbaro-Jíbaro, que viven en inteligente y racional interacción con la naturaleza, el Ministerio de Energía y Minas ha entregado a la fecha 79 denuncios de minería aurífera en el mismo borde fronterizo en un área de seguridad nacional.

Si nadie detiene a los centenares de “topos” ecuatorianos que extraen oro del lado peruano de la Cordillera del Cóndor a través de túneles y si la onza troy de oro sube de 850 a 1000 dólares por la recesión económica mundial, los 79 denuncios empezarán a operar destruyendo los frágiles bosques de protección y contaminando con mercurio las nacientes de los formadores del gran río Marañón.

En ese momento, sólo un Ipaamamu Aguaruna-Huambisa podrá librar de la catástrofe a la Cordillera del Cóndor y a sus habitantes ancestrales.

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