Hora de decisiones

Un segundo vicepresidente que, lejos de asumir el costo de una conducta inadecuada, desafía abiertamente la autoridad y el liderazgo del Jefe de Estado, agravando una crisis que generó con ese comportamiento, y se niega a dar el paso al costado que el mandatario le ha pedido en forma por demás considerada, teniendo en cuenta las circunstancias y el costo político del escándalo desatado, al desacreditar y mellar la credibilidad de la principal bandera y el principal compromiso del gobierno, el de la lucha a muerte contra la corrupción.

| 12 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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Una bancada oficialista que parece no estar consciente de la gravedad de la situación y parece asumir la misma actitud política de inconducente espíritu de cuerpo, navegando ambiguamente en el límite entre el respaldo a la demanda presidencial, el apego a los principios y la defensa del proyecto político que exige el sentido de responsabilidad histórico, de un lado, y del otro el apoyo eventualmente irreflexivo al correligionario caído en desgracia por su propia responsabilidad.

Un panorama social que tiende a hacerse cada vez más conflictivo, con importantes protestas regionales que tienen a la controvertida actividad minera como denominador común y que deben solucionarse con fórmulas democráticas que concilien los intereses de las comunidades con la necesidad de inversiones para el desarrollo del país, sin procedimientos compulsivos como los que caracterizaron a la gestión gubernativa precedente.

Un bloque opositor a ultranza que trata de aprovechar esos y otros problemas e incrementarlos azuzando donde sea posible, distorsionando donde haya oportunidad o mintiendo donde las circunstancias lo permitan, en una campaña en extremo conservadora que no busca soluciones patrióticas y de consenso, sino que quiere el desgaste del gobierno, para ponerle fin al cambio responsable y en democracia, por resistencias a las transformaciones que el país necesita y la ciudadanía demanda.

Semejante panorama exige tomar decisiones, ajenas a la desesperación pero con la prontitud que la delicada situación exige, para solucionar los problemas mencionados, entre otros que obstaculizan el avance del proceso de cambio responsable y democrático. Deberán ser soluciones basadas en la autoridad que la mayoría nacional ha conferido a quienes nos gobiernan desde el 28 de julio, que solucionen los problemas, soluciones quirúrgicas allí donde parece no haber más remedio, y producto de la negociación y la concertación de intereses, así como de la atención a las demandas populares, en casos como el de los conflictos sociales.

El país necesita soluciones que pongan en evidencia la decisión de seguir adelante con el proceso de cambio en democracia y defenderlo de sus enemigos externos y de sus problemas internos, a tono con lo que exigen la ciudadanía y la historia.

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