Hemos perdido tanto por corruptos

En el Perú y el mundo la corrupción es un ruidoso escándalo mediático que casi siempre termina en una silente impunidad. La adicción a consumir sin pagar todo, es una pandemia contagiosa, más aún en plena crisis del capitalismo salvaje que empobrece a millones para enriquecer a millonarios agudizando nuestra desigualdad social que va y viene del derroche al hambre.

| 08 octubre 2009 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 690 Lecturas
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En Latinoamérica, los presidentes más emblemáticos han sido Collor de Melo en Brasil, Carlos Menem en Argentina, Augusto Pinochet en Chile, Alfredo Stroessner en Paraguay, Luis García Meza en Bolivia, Abdalá Bucarán en Ecuador, Hugo Chávez y Carlos Andrés Pérez en Venezuela, el ex presidente de Costa Rica, Rafael Ángel Calderón, condenado a cinco años de prisión; en Nicaragua, Daniel Ortega y Arnoldo Alemán terminaron de hundir al romántico sandinismo de los ochenta; en México, los dos últimos gobiernos neoliberales no pudieron terminar con el antiguo y corrupto PRI y lo dejaron renovado y listo para reemplazarlos.

En el Perú, Alberto Fujimori y Alan García llenarán veinte años de oscura impunidad y enormes forados de corrupción que han impedido que los ingentes recursos fruto de los altos precios de las materias primas contribuyeran a ganarle la guerra a la pobreza en beneficio de la mayoría de los peruanos.

El reciente escándalo de los petroaudios, con sus empresarios y políticos tramposos, los casos de los congresistas ladrones y mentirosos, la larga impunidad de los generales y coroneles negociando con las cuotas de gasolina que les da el Estado, entre muchos otros, nos muestra que somos un país que no termina de madurar en la democracia porque sus dirigentes políticos, económicos y militares no lo dejan.

Según reconoce el Banco Mundial (BM), la brecha entre ricos y pobres se ha duplicado en los últimos 40 años, y su aumento continúa amenazando con hacer más miserables rebeldes y más millonarios en prisión.

Silvio Berlusconi amenaza con renunciar para no pagar una multa de 750 millones de euros por sobornos en grande, pero no les dará gusto a sus enemigos (se refiere a los honestos). El sueño del dinero fácil y el poder impune se ha vuelto demasiado contagioso en los cuatro continentes.


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Carlos Urrutia

Opinión

Columnista