Hasta que se saquen los ojos

La llegada de Rosmery a la oficina no le importó casi a nadie, pese a que iba a ser la primera mujer en trabajar en el lugar. El primer día llegó con su cabello recogido como una cola de caballo, con un sobrepeso notorio, un pantalón varonil y una blusa holgada que parecía camisa y nadie de los cinco ingenieros que laboraban en la oficina preguntó siquiera el nombre de la nueva.

| 15 diciembre 2011 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 889 Lecturas
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El ingeniero en jefe le dijo a su “segundo”: “Es sobrina del dueño; por eso la contraté. Me dijeron que era feita, pero no tanto; y hasta tiene fierros en los dientes”.

Rosmery se esforzaba en saludar a todos; pero los ingenieros solo le correspondían moviendo la cabeza. Almorzaba sola y se iba a casa sin la compañía de nadie y una noche frente al espejo dijo: “Me vengaré de toditos”.

Pasó esas penurias unos seis meses y empezó a mejorar su aspecto cuando se sacó los fierros de su boca. Cierta tarde, el ingeniero en jefe le dijo a su “segundo”: “La ingeniero tiene ahora una boca digna de un beso duradero”.

Empezó a sorprender en el trabajo con los cabellos sueltos y comenzó a bajar de peso de una manera tan rápida que sus compañeros empezaron a saludarla con una emoción distinta al punto que llegaron a intimidarla. Entonces ella, tímida como una fruta, se refugió en la amistad del más “lorna” del grupo, quien se ganó casi al instante el odio de los otros.

El “segundo” la invitó a salir aquel día que por primera vez fue al trabajo con una falda corta y una blusa ceñida al cuerpo. El ingeniero en jefe se enteró de la invitación y buscó pretextos infantiles y logró suspender a su “segundo”.

Rosmery advirtió lo que estaba causando y se esforzaba para verse cada día mejor y lo logró. Todos la invitaron a salir.

Salió con todos en días ocultos y a cada uno le dijo que el resto hablaba pestes de él. A cada uno le prometió su amor completo y sincero con la condición de que se vengara de los otros. Así la oficina se convirtió en una olla de grillos y puñales. El más “lorna” se dio cuenta del juego de Rosmery y le pidió que se fuera. “No me iré antes de ver que se saquen los ojos”, le contestó. Todos se fueron antes que ella.


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