Harina de pescado putrefacto

Las especies marinas absolutamente frescas tienen un aroma a salubridad, frescura y a brisa de mar perfectamente atrayentes. Pero luego de ser capturadas, empiezan un proceso de descomposición, y trascurridas más de 2 horas, sus carnes se empiezan a deteriorar, originando irónicamente el despido de olores a pescado.

| 26 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.1k Lecturas
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Las proteínas presentes en las carnes del pescado, diferentes a las carnes rojas, se descomponen más rápidamente, al ser afectadas por la acción de enzimas y bacterias, y la relevante presencia del amoniaco y otros compuestos que afectan nuestros olfato y salud.

El 95% de la pesca total nacional, que finalmente es destinada a la fabricación de harina, transcurre el lamentable proceso de descomposición, que ocasionan pérdidas en el peso, y mermas adicionales durante las operaciones de descargas. Las más de 1,500 embarcaciones industriales, carecen totalmente de equipos de refrigeración en sus bodegas, suscitando que el íntegro de sus pescas, transiten un sufrido, largo y lamentable proceso a la putrefacción. El trayecto desde la zona de pesca, hacia las fábricas, incluyendo la espera de turno y el proceso de descarga (no menos de 12 horas), causan la caída al mar de restos, líquidos aceitosos y proteínas solubles del pescado corrompido, que representan una merma de un 20% de la pesca total; y al descargarse en las unidades productivas, se declara un peso reducido, so pretexto de compensar el mal estado del pescado. Se calcula que los residuos deslizados al mar, y las cantidades omitidas en las declaraciones, representan unos 3 millones de toneladas de pescado anualmente, que adicionalmente incrementan en forma real y riesgosa, la cuota global formal, señalada por el IMARPE (Instituto del Mar del Perú), exponiendo la biomasa de pescado existente en nuestro mar al depredarla ilegalmente, y que significan para el país y todos los peruanos, la pérdida de miles de millones de dólares.

Mientras el hambre mundial se acrecienta, en el Perú, un grupo de grandes empresarios industriales, fabrican harina con pescado que intencionalmente se convierte en podrido y hediondo; pretendiendo camuflar la llamada “pesca negra”, que les otorga irregulares y millonarias utilidades, aún a costa de la desnutrición de los más pobres, y de la explotación de miles de pescadores.

El otorgamiento de Cuotas de Pesca, mediante el cuestionado Decreto Legislativo Nº. 1084, en favor de una elite empresarial, expresó beneficios sin importantes obligaciones a cambio. Es imprescindible, por lo tanto, que el Ministerio de la Producción, disponga en un prudencial plazo, la obligatoriedad de instalar equipos de refrigeración en las bodegas de todas las embarcaciones industriales.

La actual carencia de refrigeración en las embarcaciones industriales, además de propiciar la degeneración de millones de toneladas de pescado, limitan su radio de acción apenas hasta las primeras 30 millas marinas, desaprovechando y abandonando las restantes 170 millas de nuestro mar, y las miles de especies marinas aun desconocida para la mayoría de peruanos.


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Juan Rebaza Carpio

Mirando al mar