Happylogía

En Estados Unidos y Gran Bretaña, están de moda las encuestas y los estudios sobre national happiness (felicidad nacional).

| 12 febrero 2013 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 831 Lecturas
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Según ellos, el factor más importante para vivir happy es el goce de suficientes ingresos para satisfacer, no solo sus necesidades básicas, sino también las nuevas necesidades creadas por la tecnología y la publicidad. Es más, esta happylogía ha descubierto un nuevo factor de felicidad: “la capacidad para adaptarse a la crisis económica”.

Según los happynólogos norteamericanos, lo que hace infeliz a muchos de sus compatriotas, no es la crisis en sí misma, sino la incertidumbre sobre su futuro personal. Y por ello, lo que necesitan estos infortunados es información sobre los retos que les presenta la crisis. Una vez que la tienen les pasa la incertidumbre y comienzan a “adaptarse,” regresando así a los niveles anteriores de felicidad que tenían.

Esta aseveración es uno de los más curiosos descubrimientos de la happylogía porque da por hecho que las víctimas de Wall Street son masoquistas, ya que se vuelven felices adaptándose a la crisis, es decir, sufriendo.

Lo cierto es que, todas las encuestas nacionales sobre la felicidad, destacan que la suficiencia o insuficiencia de los ingresos para consumir, más allá de las necesidades básicas, sigue siendo el factor determinante de felicidad, tanto en países desarrollados como en desarrollo. Esto demostraría que en nuestra sociedad global la felicidad consiste en poder adquirir lo que ofrece el mercado y no poder hacerlo crearía infelicidad.

Sin embargo, para psicólogos y psiquiatras, tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña, esta cultura adquisitiva tiene otra lectura. Ellos consideran que el deseo de tener más ingresos para adquirir más y más cosas está generando una neurosis que el destacado psicólogo británico, Oliver James, llama: Afluenza, cuyo síndrome es una ansiedad permanente por tener más y mejor, desde inmuebles hasta autos, pasando por todo tipo de objetos domésticos e inclusive distintivos personales, como son menos arrugas, lindas narices, senos más grandes y hasta penes más largos.

Este síndrome adquisitivo, según la psicología y la psiquiatría del consumo, hace que nos identifiquemos por lo que tenemos y lo que aparentamos. Todo lo cual, termina por crear un vacío espiritual que se manifiesta en neurosis adquisitivas que son cada vez más corrientes.

La verdad es que lograr la felicidad de una nación es casi imposible, inclusive en los países ricos. Esto se debe a que la felicidad son momentos personales, no un estado permanente y, sobre todo, porque dentro de una nación hay millones de egos y la felicidad de unos es la infelicidad de otros. Solo tenemos que ver los conflictos amorosos, el fútbol y la política y para comprobarlo.

Hoy, a pesar de la gran dificultad para lograr la felicidad nacional, la happylogía insiste en su búsqueda. Han proliferado en el mundo más de 4,000 libros sobre la felicidad de las naciones y también miles de seminarios, cursos y ahora estudios en más de 100 universidades. Thomas Jefferson jamás se hubiera imaginado que su hermosa frase: the pursuit of happiness provocaría una búsqueda de la felicidad nacional que dura más de dos siglos y todavía es elusiva.

Y ante tal angustiosa persecución de la felicidad nacional, yo me pregunto: ¿por qué no dejar de buscarla, y más bien pasar un buen rato todos los días?


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