Hacia la próxima crisis

El gabinete Valdés estaba repartido en tres bloques: (a) el del premier, que abarcaba a los ministros de Defensa e Interior, que fueron sus inmediatos colaboradores durante su paso por Interior; (b) el de Abugattás o, si se quiere, de la bancada de Gana Perú, que ocupaban el Ministerio de la Mujer y el de Producción; (c) el del ministro Castilla, que acumuló el paquete más fuerte (MEF, Energía y Minas, Vivienda, Trabajo, Inclusión Social y en cierta forma Transportes y Comunicaciones).

| 16 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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El resto quedaba más o menos suelto, bailando con su propio pañuelo y sin padrino que los proteja.

La crisis de abril despedazó el bloque de Valdés y lo redujo a él mismo; el dúo nacionalista por su lado se mantuvo, aunque una de sus piezas se cambió de sitio, en una demostración acabada de la poca verdad que hay en aquellos que aseguran que los ministros son escogidos por su capacidad técnica y su especialidad en el ramo; finalmente el bloque grande de Castilla ha sumado un nuevo ministerio con el PRODUCE, que ahora dirige la abogada Gladys Triveño tras haber sido funcionaria destacada de Indecopi y consultora del MEF. Y como si requiriese un aval público, su colega Cecilia Blume ha celebrado su nombramiento en nombre de las cualidades profesionales de la nueva ministra, haciendo sospechar que algo ha tenido que ver con su selección.

Del general Wilver Calle hay escasa referencia, salvo que parece haber sido parte de la cúpula militar de Fujimori, esa que el comandante Ollanta Humala denunció en Locumba por haber corrompido a las instituciones armadas. En todo caso se trata, como Triveño, de un viceministro elevado a un nivel superior. En el diseño del Estado los viceministerios debían ser las entidades técnicas que acompañan la gestión política del ministro. No se suponía tampoco que los viceministros sustituyeran a los ministros que renuncian. Pero con este gobierno se está viendo un intercambio de puestos entre ministros y viceministros, que a mucho les lleva a decir que el presidente Humala no tiene cuadros de reemplazo y por eso vuelve a raspar la olla del viejo Estado.

Pero si se habla en serio, Ollanta puede convocar muchísimo más, sobre todo en circunstancias de crisis. El problema es que no quiere arriesgar. Siente que cualquier apertura hacia su partido y la izquierda, le va a desatar una tormenta mediática que lo obsesiona. Y que la derecha política debe ser manejada a distancia. Respecto al toledismo, parece que ya se llegó al punto de no retorno. Conclusión: replegarse sobre el Estado, imaginar que la técnica es neutra, insistir en el mismo guión político que desató la crisis de Kepashiato (que por lo visto no termina por ser entendida), seguir confiando en la tecnoburocracia ligada al MEF, reafirmarse en ministros que no ejercen liderazgo, y mantener el silencio presidencial hasta que ya no haya más remedio que manifestarse.

Es evidente que lo que acaba de pasar con el anodino cambio de ministros se explica por una actitud en extremo conservadora del presidente que no quiere pisar callos a nadie, pero sobre todo a los poderosos de los que cree que depende el crecimiento económico que es a su vez la base de su aún elevada aprobación en las encuestas. Por el camino adoptado es casi seguro que volveremos a discutir estos temas en la próxima crisis.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista