¡¡Hacia el fujimorismoooo…marchen!!

Si bien la decisión y las primeras manifestaciones de abandono de la propuesta que ganó las elecciones las dio Humala aún antes de asumir el cargo de Presidente de la República, el proceso político, aunque rápido, ha tomado los últimos nueve meses. A estas alturas ya no debería quedar dudas sobre el puerto hacia el que se dirige el gobierno actual con Humala a la cabeza.

| 17 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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El argumento inicial para justificar el abandono de la propuesta de La Gran Transformación (LGT), fue que se seguía la Hoja de Ruta, sin embargo, el texto de este compromiso señala explícitamente su vinculación con la propuesta de LGT, que fue la que permitió ganar la primera vuelta y elegir a la bancada parlamentaria Gana Perú. Sin este vínculo, la Hoja mencionada se convirtió en una propuesta que también podría ser fujimorista. Humala, servido lealmente por el actual presidente del Consejo de Ministros, Oscar Valdés, convirtió la Hoja de Ruta en el disfraz del fujimorismo en el gobierno.

En el camino quedaron no solo Lerner, López, Tapia, Jiménez y otros altos funcionarios, sino también pequeños funcionarios algunos de los cuales venían sirviendo al Estado desde hace varios gobiernos anteriores. No dejaron ni siquiera a G. Alarco ni al animador de los mítines de campaña, el sociólogo David Tejada, ambos en CEPLAN. Hubo no solo traición a la propuesta, sino también la mayor deslealtad. Y, para que nadie dude del giro, nombraron a un conspicuo representante del rentismo parasitario para presidir el organismo planificador.

FELONÍA Y FALTA DE DEMOCRACIA
En política, el equilibrio exige que el abandono de ciertas fuerzas esté, necesariamente, acompañado de la cooptación de fuerzas diferentes. En el escenario político peruano, para Humala, la única fuerza alternativa a las fuerzas que él ha abandonado es la fuerza política del fujimorismo, pues ni el aprismo ni los otros pequeños grupos lo pueden sostener.

La “solución” de la crisis política generada por la incompetencia de Valdés y sus amigos, son los pequeños pasos previos en dirección hacia Fuerza 2011.

Estos cambios no deben ser atribuidos a la política en general, sino a la política peruana. El sistema político peruano, sea cual fuera el nombre que se le dé, es la expresión de una economía monopolizada (hasta la tierra ha vuelto a estar en pocas manos) y una sociedad profundamente desigual. Esto ha generado una tal disparidad de poder que, prácticamente, impide el desarrollo de la democracia.

La propuesta de LGT surgió, en gran medida, porque el poder económico -contrariamente a lo que proclama- mostró que no desea el desarrollo del mercado interno ni el desarrollo de una industria diversificada en el país. El camino del actual gobierno hacia el fujimorismo, creemos poder anticipar, estará acompañado de un desarrollo de formas poco democráticas de gobierno. Será tarea de las fuerzas democráticas, entre ellas Ciudadanos por el Cambio, impedir que se cierren más los canales existentes. La Democracia peruana así lo exige.


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