Hacer agua de Sedapal

“Sedapal hace agua”, dice ayer la tapa de no uno, sino los dos diarios de combate de la DBA. Algo así como que después de tres aniegos entre diciembre y enero ya llegó el momento de sacar cuentas contra la “pésima” empresa de agua que brinda servicios a la ciudad de Lima. Entonces ahí viene el recuerdo de que Fujimori retrocedió en la privatización porque ya se venía la re-reelección, y Toledo se chupó después del arequipazo y Alan García tampoco quiso quemarse en este tema y prefirió las políticas de tercerización de actividades que han descuartizado a la empresa pública y generado focos de corrupción de los que por supuesto ni Fritz ni Aldo dicen una sola palabra.

| 18 enero 2013 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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Sedapal y todo el sistema de saneamiento y vivienda está en manos de privatizadores profesionales desde hace buen tiempo y especialmente durante el gobierno de Ollanta Humala. Cuando Perú 21 se pregunta ¿y dónde está Proinversión?, se está haciendo el loco, porque sabe bien que desde el ministro, viceministro, asesores y directorio de la empresa del agua han sido reclutados de esa entidad del Estado. Ellos son los que la administran y los que deben responder por las fallas recientes, ya que si reclaman una supuesta excelencia técnica deberían demostrarla conduciendo correctamente las entidades de servicios.

Pero los que algo sabemos de esta historia de las privatizaciones, hemos visto ya demasiado de estos bruscos empeoramientos en la calidad de la atención de las empresas que se quería vender o transferir. De pronto el aeropuerto que funcionaba adecuadamente se convertía en un infierno de colas y desorden, y la gente se quejaba de la ineficiencia. De la misma forma se dejaba abandonado el mantenimiento de las carreteras para presionar a la concesión. Claro, la gente se ha resistido a la privatización del agua porque lo ha sentido como una amenaza por eso de las tarifas que suben rápidamente y el incremento de los cortes, como se vio con la luz y los teléfonos.

Pero después de tres aniegos, es como para pensar si una administradora privada, como aquellas que fueron expulsadas de Bolivia o Argentina, podría cambiar la situación. Y a quién se apunta para convencerlo es en primer lugar al presidente Humala que imagina tener bajo contrata a los mejores tecnócratas del Estado, esos que ya habían hecho todo lo que cuestionó en campaña y que ahora se esfuerzan por enseñarle los misterios de la economía que consiste en trabajar para el que tiene dinero.

El ojo puesto en Sedapal no es un hecho aislado. Por ahí vamos en trance de terminar de asesinar a Enapu para que los puertos queden íntegramente en manos de operadores internacionales y no hay casualidad de que después de la salida de Campodónico de Petroperú se repita que los proyectos elaborados por dicha empresa son “desproporcionados”, “inviables”, mientras el ministro Merino mantiene por ahora la versión de que no ha pasado nada y se cambió de presidente de la mayor empresa del Estado por puro gusto.

Los escandalosos aniegos de estos días deberían poner la atención sobre los responsables políticos y empresariales que no anticiparon el colapso de tuberías y que han afectado seriamente viviendas y el sistema de transporte. Aquí no caben contemplaciones. Las empresas públicas y privadas tienen que responder por sus actos. Por ejemplo las eléctricas que no están empezando a racionar la luz sin reconocerlo, con apagones por zonas, y la Telefónica que no renueva sus contratos. No, la vida es mucho más compleja que el simple prurito de privatizar.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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