Hablar para los demás

Hablar para los demás. Comunicar para los demás, me refiero a hablar para un público determinado, requiere de preparación: conocer a quienes les vamos a hablar, averiguar qué les interesa escuchar, saber qué les vamos a decir, prepararnos en cómo decirlo y, finalmente, comprobar si hemos conseguido el resultado que nos propusimos.

| 13 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 871 Lecturas
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Aprender a hablar en público se aprende hablando, sin embargo conseguiremos mejores resultados cuanto más nos hayamos preparado. Existen numerosas formas, métodos, recomendaciones, maneras, etcétera, de preparar una exposición, sin embargo algunos puntos son comunes a ellos, estos se pueden reducir a: saber qué se va a decir, saber decirlo y saber para qué lo dijimos. En estas líneas resumiré un ejercicio que puede ayudar a encuadrar estos pasos y conseguir por lo tanto mejores resultados en nuestro esfuerzo por comunicar.

Primero: Título de mi exposición. Encontrar un título nos ayudará a centrarnos en el tema, a buscar la mayor cantidad de información sobre lo que vamos a hablar y también servirá de gancho o anzuelo para despertar el interés del auditorio por escuchar lo que tengamos que decirles.

Segundo: ¿Por qué es importante para el auditorio? Para contestarnos esta pregunta procuraremos esforzarnos al máximo por conocer a nuestro público, saber qué espera, qué sabe sobre el tema, qué lo motiva a escucharnos, cómo está conformado (edades, género, ocupaciones).

Tercero: ¿Qué espero que pase con el público cuando termine de exponer? El resultado, la comprobación de nuestro propósito y de nuestros esfuerzos puede programarse. De hecho, conocer qué nos mueve, qué perseguimos al dirigirnos a ese público, para qué le estamos hablando, determinará el menor o mayor éxito que obtengamos. Hablamos para modificar al auditorio ya sea en su pensamiento: que piensen de otra manera sobre el tema del cual hablamos, que abran sus mentes, que se muestren dispuestos a escuchar y procesar lo que les decimos. Podemos hablar también persiguiendo un cambio de actitud del auditorio hacia tal o cual asunto y, otras veces, hablamos para invitarlos a que hagan algo, a que actúen de tal o cual manera. Pensamiento, actitud, acción, una a la vez o las combinaciones que elijamos, son los resultados que buscamos y que, conociéndolos previamente, nos ayudarán a una mejor construcción de nuestro discurso.

Cuarto: ¿Cuál es la idea central que sostiene mi exposición? El mensaje, lo esencial, elaborado en pocas palabras y de manera llamativa, provocadora. Es la frase a partir de la cual desarrollaremos nuestra historia, los ejemplos, los datos, los conceptos que refuerzan nuestro propósito. Algunos pensamos que no somos creativos, que esa actividad es para algunos elegidos de pelo largo y vestir descuidado. Nada más falso: la creatividad es cualidad de todos los humanos, así que atrévase y comprobará que teniendo su mensaje le será fácil y entretenido vestirlo de ejemplos, situaciones vividas por usted, datos y otros puntos que lo ayudarán a la construcción del discurso.

Quinto: Construyendo el discurso. Con el mensaje claro y las ideas a la mano, organizará entonces el esquema de su discurso: inicio, desarrollo y cierre. Anunciará, luego de presentarse, usando el título, qué es lo que va a decir, luego desarrollará sus ideas (procure que no sean más de tres) acompañándolas de los ejemplos o de la información relevante que seleccionó en su trabajo de preparación y, finalmente, le dirá al público por qué y para qué les ha hablado.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista