Hablar bien

Escuché en una entrevista a un respetado educador expresando lo que para él debiera ser la razón principal de la educación superior: “…la universiá debe ofrecer caliá”, así lo dijo. Conociendo la calidad intelectual del entrevistado considero lamentable este pobre manejo de su oralidad, sin embargo no es un caso aislado, he escuchado a más de un profesor universitario pronunciar “concecto” y escribir concepto y también a políticos decir: “fulano se ha retirao pero, antes de hacerlo se ha iscrito en la comisión equis”.

Por Diario La Primera | 02 setiembre 2012 |  913 
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Espero que catedráticos y políticos que tienen la obligación de ser ejemplo para los demás, no escriban como pronuncian. Pero lo cierto es que pronuncian mal no porque no sepan pronunciar correctamente las palabras sino porque no se escuchan y esta mala práctica no ayuda mucho a la imagen que ellos quisieran proyectar.

La voz y el rostro son nuestra tarjeta de presentación. Al escucharnos hablar, los demás se formaran rápidamente una idea de nosotros, nos valorarán a partir de esa percepción primera y es harto conocido que una primera impresión es gravitante y que no cambia con facilidad. Por esta razón resulta importante cuidar las formas en el hablar, más aún cuando para ello se hace uso de los medios masivos de comunicación.

La voz es aire y las palabras se forman en la mecánica de la boca: dientes, labios, paladar y lengua intervienen para que podamos expresarnos correctamente. Cuanto mejor usemos estos recursos mejor será nuestra pronunciación.

De hecho es la lengua la que más trabaja para que pronunciemos bien. Pruebe a decir “expresado” con los labios casi juntos y escuchará “expresao”, esto pasa porque al no abrir lo suficiente la boca, la lengua no tiene espacio para salir disparada hacia adelante y ayudarnos a pronunciar la letra “d”. Comprobamos así que la buena pronunciación implica trabajo, abrir la boca, para exigir el trabajo de la lengua.

Quienes tengan duda de si su pronunciación es o no la correcta y además tengan la preocupación por hablar bien, debieran empezar por evaluarse y si esta se hace con ayuda mejor. Entender, aceptar nuestras deficiencias, para luego hacerse el propósito de superarlas, lo cual se consigue entrenando, ejercitando el habla, haciendo ejercicios. Por ejemplo, podemos usar algunos textos seleccionados y leerlos en voz alta, grabarnos y escucharnos para así ir comprobando el avance.

Otro buen ejercicio es trabajar con trabalenguas, que como su nombre lo indica sirven para destrabar la lengua, practicar con ellos ayuda a fortalecer la mecánica de la boca; escoja unos cuantos y trabaje con ellos procurando memorizarlos y decirlos cada vez más rápido y cada vez más claro, es decir que se le entienda, que en eso consiste la buena pronunciación: que las palabras se escuchen completas, con fuerza.

Entrenar nuestra pronunciación, trabajar nuestro tono y volumen, así como la velocidad en el hablar es mejorar nuestra imagen. El mismo texto que escogimos para leer y grabar nuestra voz puede ser leído abriendo exageradamente la boca como si no supiésemos leer. Estos y otros ejercicios ayudarán a que se nos escuche claramente y con calidad, y no con “caliá”, lo cual ayudará a proyectar una mejor imagen personal.

Referencia
Propia



    Jaime Lértora

    Jaime Lértora

    ¡Habla Jaime!

    Columnista

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