Hablamos para modificar

El propósito del hablante, es decir del usuario de una lengua, tanto cuando habla como cuando escribe es, según sea el caso, modificar al otro o a los otros. Modificarlo ya sea en su pensamiento, en su actitud o invitándolo a actuar de tal o cual manera. Esto vale tanto para una conversación familiar o amical, como para una comunicación profesional. Queremos que el otro modifique su manera de pensar sobre algún asunto, que cambie su actitud de cerrada a abierta por ejemplo o que haga aquello a que lo invitamos: que compre, que aprenda, etcétera.

| 22 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores |939 Lecturas
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A muchos expositores les pasa que olvidan rápidamente a quien se están dirigiendo, a quien le están hablando, a quien quieren modificar. Les pasa que tienden tempranamente a ensimismarse y de esa manera van perdiendo de vista el objetivo de su exposición, como si fueran un bote que va haciéndose a la deriva alejándose cada vez más de su destino.

Es muy importante tener claro lo que vamos a decir y el propósito que buscamos o que perseguimos con ello. Qué quiero o qué deseo que pase con el auditorio cuando termine de decirlo. Buscar precisión en la estructura del mensaje, es decir, qué, por qué y para qué estamos diciendo lo que estamos diciendo. Debemos para ello usar ejemplos sencillos, hacer comparaciones, demostraciones, en suma, volver concreto, tangible, real, visual lo que decimos.

El contacto visual sostenido y consciente mientras exponemos, es decir, el poder leer lo que nos está devolviendo el auditorio (o el otro), es la clave para comprobar si estamos yendo por el camino trazado, si estamos apuntando al objetivo que nos hemos propuesto. Mantener el contacto visual permite también ajustar el ritmo de nuestro discurso.

Ayuda al propósito de modificar a quien nos escucha no sólo la claridad y el contacto visual, también la concisión, el usar pocas palabras para lo que queremos decir, usar sólo las necesarias, dejando de lado palabras parásitas o frases inútiles que en nada colaboran a la efectividad de nuestra comunicación. Pocas ideas expresadas con palabras distintas, repetidas o reiteradas a lo largo de la exposición. Repetidas expresando la idea con las mismas palabras y reiteradas diciendo la misma idea pero usando otras palabras.

Cuando buscamos modificar debemos hacerlo firmemente convencidos, haciendo uso pleno de nuestra expresividad para que nuestro lenguaje corporal acompañe lo que decimos. Voz y cuerpo apuntando a un solo objetivo: que el otro entienda o acepte lo que yo le digo. La dirección de nuestro hablar: el cuerpo y la voz dirigidos al interlocutor, desde una postura empática, cercana, amable, ayudará significativamente a éste propósito.

Hablamos para modificar pero cuando hablamos no sabemos en qué puede estar ocupado el cerebro de quienes nos escuchan, sólo contamos con la mirada para leer las posturas o los rostros de ellos y deducir mientras hablamos si vamos o no por buen camino para conseguir nuestro propósito. Por ello es importante la concentración tanto en lo que decimos como en lo que hacemos mientras lo estamos diciendo.

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Jaime Lértora

Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista