¿Habemus nueva policía?

1).- Durante el segundo gobierno de Manuel Prado (1956-62) se produjo una singular movilización ciudadana para recolectar fondos (Comité Pro Marina) y lograr adquirir dos cruceros ingleses para, por entonces, nuestra alicaída Marina de Guerra. Llegaron a nuestras costas, en 1959, ya rebautizados como Almirante Grau (designado buque insignia) y Coronel Bolognesi. Sin lugar a duda fue la culminación de una gran campaña cívica y patriótica.

| 11 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 722 Lecturas
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Aunque en otro contexto, este ejemplo podría ser tomado en cuenta para abordar el principal problema que atraviesa nuestra Policía, su falta de efectivos debido a que tenemos la mayoría de policías a “medio tiempo”, resultado de la vigencia del famoso 24x24. Que dicho sea de paso, además, sirve como coartada para justificar todo tipo de ineficiencias y tropelías al interior de la propia institución. Los entendidos en la materia calculan que con un aumento en las planillas de US$ de 150 millones anuales lograríamos que 30 mil experimentados policías dejaran de trabajar en sus falsos días de franco como cuidadores de construcciones, chifas, casas de juego, etc, y regresaran a servir a tiempo completo en su institución ¡De un solo tirón casi duplicar el número de policías que requiere la seguridad ciudadana! ¿Por qué no iniciar una campaña ciudadana y formar un comité ad hoc en contra del 24x24 policial?

2).- Soy de los que creen que la crisis - ya debemos llamarla así- por la que atraviesa la Policía no solo se debe a la falta de medios, efectivos, recursos, buenos jefes y liderazgos reconocidos. Ni siquiera, con lo importante que es, a que no se decide firmemente combatir a la corrupción que corroe sus estructuras, y a quienes la consienten, para no hacerse problemas. En realidad, el problema es de fondo; tiene que ver con la falta de identidad institucional. De la falta de claridad al respecto, de su confusión que difumina voluntades y relativiza el espíritu de pertenencia. No se dan cuenta que son, también, un servicio público que se debe a la ciudadanía. Por eso la mirada dispersa de los policías que parecen pensar más en su chamba particular que en sus tareas institucionales. De la preocupación por llenar los formularios, de cuidarse en cumplir las formalidades de las órdenes recibidas de oficiales y jefes que no admiran ni respetan mucho. En resumen, que no tienen ilusión de ir al trabajo ni de cumplir con iniciativa las tareas encomendadas. La complicidad campea. El no sentirse respetados por la ciudadanía, menos admirados, salvo excepciones, abona en su baja autoestima institucional.

Si bien el inicio de la crisis data ya de los años 70 del siglo pasado, durante los 80 y 90 se acentuó. Su identidad se confundió con la de los militares, aunque en un segundo rango. Su participación en “patrullas combinadas” en la lucha contra el terrorismo, el atrincheramiento en las comisarías, el paso marcial en los desfiles militares, etc, etc, diluyó su identidad primigenia. La Dincote fue una excepción. Con Fujimori y Montesinos el manoseo institucional se hizo cotidiano. Y sigue hasta ahora. Si no veamos quién analiza los legajos de su posible nuevo Director General.


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Carlos Tapia

Opinión

Columnista