¿Habemus Papam?

Días antes de la elección del nuevo Papa me encontré con un viejo amigo que venía de Roma. Cuando le pregunté qué pensaba de la elección del futuro Papa y si sabía de algún candidato con mayor opción, su respuesta fue la siguiente: no hay un candidato seguro. Lo que existe es un gran desorden y mucha incertidumbre. Incluso grupos religiosos como el Opus Dei, Comunión y Liberación, y otros, están desconcertados.

| 17 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
¿Habemus Papam?
VISIÓN CRÍTICA
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Y si bien hay poca información sobre lo que realmente pasó en este último cónclave, lo que es cierto es que la elección del Papa se produjo en mucho menos tiempo de lo esperado. Bastaron dos días para anunciar, como se dice, la buena nueva: no solo teníamos un nuevo Papa, sino que, además, era argentino y jesuita. Finalmente, América Latina tenía su Papa.

Jorge Mario Bergoglio, conocido ahora como Francisco I, fue ungido como el pontífice número 266 de la Iglesia Católica, apostólica y romana. Además, es el primer miembro de la Compañía de Jesús en alcanzar el más alto cargo en el mundo católico.

Bergoglio, como se ha dicho en estos días, es conocido por ser un sacerdote humilde, que gusta movilizarse, así lo hacía en Buenos Aires, en el metro o en los buses de transporte público. Además, porque suele visitar a los pobres y enfermos, y porque no le gusta el boato y el lujo del que muchas veces hace gala el Vaticano.

Sin embargo, estas visiones cargadas de optimismo, alimentadas seguramente por la naturaleza latinoamericana del nuevo jefe del catolicismo, esconden algunos interrogantes y problemas tanto sobre el pasado de Francisco I como sobre el futuro de la Iglesia Católica.

Uno de ellos es no solo la simpatía de Bergoglio hacia la dictadura militar en Argentina, sino también su complicidad, algunos niegan este hecho, en el secuestro y tortura de dos sacerdotes jesuitas por el régimen militar en ese país. En noviembre de 1977, cuando Bergoglio integraba la plana mayor de la jesuita Universidad del Salvador, se le otorgó al entonces jefe de la Armada argentina y miembro de la Junta Militar, Emilio Eduardo Massera, el título de “doctor honoris causa”, expresión de que existía algún tipo de vínculos entre este sacerdote y los militares. Asimismo, Bergoglio es acusado de haber pertenecido al grupo ultraderechista “Guardia de Hierro” que se convirtió en el brazo político del masserismo.

Otro cuestionamiento se refiere a su línea teológica política cuando fue designado Superior Provincial de la Compañía en la Argentina en 1973. Diversos artículos publicados en estos días e incluso otros antes de que fuera Papa, señalan que Bergoglio desarrolló una línea conservadora y tradicional, muy cercana al integrismo. Además, según se dice, buscó “limpiar de izquierdistas a la Compañía”. Todo esto produjo un tipo de estructura jesuítica argentina muy diferente a la del resto de América Latina, que en aquel entonces tenía más bien un sello progresista.

Bergoglio es conocido en estos últimos años por ser un gran opositor al matrimonio entre personas del mismo sexo, al aborto terapéutico, a la participación de las mujeres en el gobierno de la Iglesia. En el 2010 declaró que la homosexualidad es “una maniobra del diablo”, lo que obligo a Néstor Kirchner a tildar su postura de “medioeval”. El New York Times en su editorial del 15 de marzo lo califica de “conservador”.

Además, es un opositor visible del actual proceso que se vive en Argentina. Hace unos años, Bergoglio y Néstor Kirchner tuvieron un altercado público que llevó al Presidente, en ese entonces, a dejar de concurrir a los Tedéum. Incluso se afirma que haberse puesto como nombre Francisco I y no Ignacio (por el fundador de los jesuitas), que lo vincula más a la orden franciscana, sería expresión de esta suerte de disidencia al interior de la Compañía de Jesús.

El tercero, como afirma Horacio Verbitsky, es el siguiente: “Si Pacelli (se refiere a Pío XII) recibió el financiamiento de la Inteligencia estadounidense para apuntalar a la democracia cristiana e impedir la victoria comunista en las primeras elecciones de la posguerra (en Italia) y si Wojtyla fue el ariete que abrió el primer hueco en el muro europeo, el Papa argentino podrá cumplir el mismo rol en escala latinoamericana. Su pasada militancia en Guardia de Hierro, el discurso populista que no ha olvidado, y con el que podría incluso adoptar causas históricas como la de las Malvinas, lo habilitan para disputar la orientación de ese proceso, para apostrofar a los explotadores y predicar mansedumbre a los explotados”. Una suerte de Juan Pablo II, es decir, todo lo contrario a lo que intentó ser Juan Pablo I, muerto a los pocos días de asumir el papado.

Y si bien no se descarta que en el próximo tiempo pueda haber un conflicto con corrientes conservadoras al interior del Vaticano, como el Opus Dei, lo que es importante, lo cierto es que este conflicto sería entre fracciones de derecha y ultraderecha, lo que demostraría el retroceso de la Iglesia Católica. Por eso creo que el futuro de la Iglesia Católica, en parte, se jugará en América Latina, y viene a paso de combatiente con Francisco I a la cabeza. Estamos advertidos. 

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Alberto Adrianzén M.

Disonancias

Parlamentario Andino