Ha muerto un hombre

La acepción de “Hombre” nos pone erróneamente a todos los andrógenos en un mismo nivel. Sin embargo, la realidad demuestra que la interpretación tiene incontables variantes; y cualquiera, por más que tenga testículos, no es digno de lucir dicho título.

| 10 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 517 Lecturas
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Bajo este antojadizo y arriesgado punto de vista, nos permitimos afirmar que la desaparición física del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, representa la ausencia de un verdadero hombre, más no, la doctrina liberadora que deja como herencia.

América Latina y el mundo han incorporado en las páginas de su historia a un nuevo protagonista. Amado por la mayoría de su pueblo, odiado por quienes persisten en creer que se puede vivir de espaldas al abuso, hambre, ignorancia y abyecta miseria. Aunque se insista en criticarlo con algo de mesura después de muerto, lo tilden de dictador habiendo ganado democráticamente tres elecciones, perseguido dentro y fuera de las fronteras venezolanas por temor al seguimiento de sus ideas y ejemplos, nuestra región continental acusa un cierto cambio de rumbo saludable gracias a él.

El socialismo cristiano del siglo XXI preconizado y practicado por la revolución bolivariana, es el camino limpio que tratarán de seguir los países que sienten los malsanos efectos del colonialismo saqueador de riquezas, siempre coludido con la corrupción de los “lagartos de mismo pozo”, como dijo Chávez Frías.

Los verdaderos hombres son los que enriquecen para bien la historia. Los que se atreven a realizar cambios sin temor a las fuerzas del mal. Y Hugo Chávez nunca claudicó ante los “dueños” de su país y las amenazas foráneas.

Muchos peruanos sentimos hondamente la desaparición del Comandante. Fue amigo que nunca nos hizo daño, a pesar que la gran prensa y los medios serviles a la plutocracia lo satanizaron en extremo. El chavismo vino en ayuda de los damnificados del terremoto de Pisco, mientras los políticos de turno hicieron un festín con los dineros del Estado, intentó atender pacientes con un plan oftalmológico que frustraron con segunda intención; y bien pudimos comprar petróleo a bajo precio, en beneficio popular e industrial.

Chávez ha muerto aferrado a su cristianismo practicante, priorizando a los pobres, desterrando el analfabetismo, atendiendo la salud, construyendo viviendas dignas; y sobre todo, a diferencia nuestra, haciendo respetar el espacio radio eléctrico, que no significa vulnerar la libertad de información. Por temor, algunos de sus adeptos abandonaron esta bandera al llegar al poder.

La insania política llegó a extremos de asco durante el minuto de silencio que cumplió el Parlamento Peruano, con la actitud de un innombrable que, por su propia pequeñez, debería tener sensibilidad humana.

Bien hacen muchos en considerar a la política como un arma deleznable; empero, gracias al mandatario y líder mundial que se fue prematuramente, todavía podemos vivir con esperanza. Paz y gloria en su tumba.


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