Guerra entre hermanos

Álvaro Uribe y Hugo Chávez se han puesto a jugar a la guerra y se acusan unos a otros de violación de soberanía: Chávez alberga y da impunidad a las acciones de los terroristas de las FARC, Uribe ha convertido su país en un portaaviones de Estados Unidos al autorizarle siete bases militares al costado de Venezuela.

| 12 noviembre 2009 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 470 Lecturas
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Tanto Uribe como Chávez han firmado cordialmente contratos con grandes inversiones colombo venezolanas, en obras públicas y en un dinámico intercambio comercial, ambos gozan de amplios respaldos electorales en sus países, que sobrepasan el 60 por ciento, y están modificando sus constituciones para legalizar proyectos reeleccionistas, que sustenten sus planes políticos y personales.

Pero, los gastos del Ejército venezolano, en plena revolución bolivariana, triplican los de alimentación y vivienda, son cuatro veces mayores que los destinados a la protección del medio ambiente, nueve veces más grandes que para el sector cultural, y, el monto aprobado para las Fuerzas Armadas supera 58 veces el correspondiente al Ministerio del Poder Popular para los Pueblos Indígenas. (Rafael Uzcátegui “GASTOS MILITARES EN VENEZUELA Y DERECHOS SOCIALES” EducaRueca, Caracas, 31 de mayo de 2009.

“El Presupuesto General de Colombia crece anualmente en un promedio del 4,9 por ciento, pero el crecimiento del gasto militar ha sido del 9.7 por ciento, la mayor parte de egresos son gastos de funcionamiento, destacándose los de personal, a causa del incremento del pie de fuerza militar y policial a partir principalmente del año 2002” (“La Objeción Fiscal al Gasto Militar en Colombia” War Profiteers’ News, 10 de noviembre de 2009)

Como podemos ver, Uribe y Chávez han vuelto prioritario lo militar sobre lo social, o de lo que destruye sobre lo que construye, porque, después de Irak y Afganistán, es claro que la guerra es mejor negocio que la inversión social contra la pobreza, sobre todo, deja sitio para la corrupción. Pregúntenle a Bush.

Aunque con rabia, hay que entender que la riqueza mal habida explica mucho de por qué los impuestos no van a salud, alimentación, educación, vivienda y empleo digno, sino que se gastan en simulacros de guerra, en represión, en armas innecesarias y en cuarteles no en escuelas, en balas y no en vacunas. Como decía un sabio: ¡qué jodido!


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Carlos Urrutia

Opinión

Columnista