Gobierno pide disculpas por el matón

El gobierno acaba de mostrar nuevamente su debilidad política para encarar los problemas que se presentan en el día a día. Ahora es el caso del matón ministro de Trabajo que agredió a trabajadores en el aeropuerto de Arequipa hace poco más de una semana, cuando pensó que su cargo le daba atribuciones para interferir en las medidas de seguridad que rigen los procedimientos de la aviación comercial.

| 07 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 768 Lecturas
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Como la negación cínica de lo sucedido y el silencio del Presidente y la mayoría del gabinete (excepción hecha de la ministra de la Mujer) resultaban insuficientes para recuperar el nivel de las aguas, tal parece que el gobierno decidió dos cosas: encargarle al agresor que pidiera disculpas públicas lo que incluía su regreso a Arequipa para verse con los afectados, pero negando el uso de la fuerza física contra la empleada del counter (ya salió el certificado médico que acredita los golpes recibidos); y pedir un perdón adicional de su primer ministro a nombre del gobierno asumiendo una condición de corresponsable e imaginando tal vez que todo esto era más que suficiente, Juan Jiménez ha dicho que el caso de debe dar por terminado.

Es inusual tanta autocrítica para gente del poder, siendo cierto que si hay una responsabilidad en un asunto como este es porque se nombró para un cargo clave en la relación con los trabajadores y empleadores a un tipo sin las condiciones para ejercerlo, y eso solo se puede dar por salvado si se le manda de regreso a casa.

De otra forma se entenderá que Ollanta Humala y Juan Jiménez no tienen la fortaleza para poner las cosas en su sitio, al extremo que eligen presentar la matonería como si fuera un acto casual y casi accidental, para el que basta la promesa de que ya no se va a repetir. De inmediato, por supuesto, salta la pregunta: ¿y por qué tantas consideraciones con Villena que no se han tenido con otros miembros del gobierno que cayeron más o menos rápido en situaciones mucho menos comprometidas?

Se me ocurre a mí que los motivos del gobierno para intentar lanzarle un salvavidas al ministro en desgracia tienen que ver con el futuro del clan Castilla, que ha construido en un año y medio un gabinete dentro de otro y que por cierto valora en grado sumo el proceso de captura y limpieza del Ministerio de Trabajo hecho por Villena, que ha reducido las discordancias con el MEF y ajustado la política laboral a los planes pro-inversión y al esquema de desregulación neoliberal.

Sacar al personaje es perder parte del terreno ganado y arriesgarse a que en torno a quién será el reemplazo se arme un indeseable debate sobre el perfil de una cartera que algunos preferirían que no existiera.

Entiéndase que, hasta aquí, Castilla había venido ganando todas sus batallas y avanzando a imponer sus condiciones. Por eso parece que podemos vivir ese exceso del premier que pide disculpas por lo que hace su subordinado y como que nos pide que comprendamos que esas cosas pasan.

Pero Villena está muerto para la política y va a salir peor mientras más tiempo le tome sacar esta conclusión elemental. La interpelación ya anunciada sería un papelón extraordinario que no se justifica por ninguna ambición política o por ninguna lealtad con el jefe Castilla.

Si alguien va a caer de todos modos, lo que debería hacer es adelantarse y despedirse de buenas maneras. Pero buenas maneras es lo que le falta a Villena, precisamente.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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